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Ventana sábado, 28 de mayo de 2022

Poemas y reflexiones en tiempos de pandemia

  • Poemas y reflexiones en tiempos de pandemia
Rafael Peralta Romero
Santo Domingo, RD

En el libro “Poemas y reflexiones en tiempo de pandemia”, se aprecia un enfoque social y realista, además de que hace oír hondamente el clamor a la Divinidad que brota de sus páginas: “Todo se acabó, oh Dios mío, menos tu gracia ni tu compasión”.

Es el testimonio de Nicolás Rodríguez Ramírez, un coronel que no espera que le escriban, sino que se torna en vocero de la humanidad ante la tragedia que ha significado la pandemia de Covid-19. En este libro repercute el grito salido del poeta al presenciar que el mundo se había detenido, pero es también una cronología de la pandemia desde el inicio hasta estos días que lucen ser los finales.

Tan hondo ha sido el sentir del poeta, que se aprecian, incluso velas de poesía mística en versos, como este: “El Espíritu Santo es flama que restaura y vivifica”. Pero también aparecen en la obra las irritaciones de los humanos por el confinamiento, lo evidencian, por ejemplo, estos versos: “¿Qué hacer? Este encierro transcurre/ con berrinches, mal humor, hasta miente /quien lo niegue, viendo como discurre/ Y no se enfade cuando despierte”.

La tragedia (millones de muertos y destrozo de la economía global) ha llevado al poeta a descubrir la situación con esta imagen desgarradora: “La vida va como un peñasco gigante que aplasta sin piedad…”

La segunda parte del libro son reflexiones de carácter fllosófico, como han de ser las meditaciones, y llevan un sello tan personal, que en cada una aparece la coletilla “Pienso yo…” Porque Rodríguez asume una actitud escéptica respecto de la función de pensar: “Entonces pienso yo qué convendría más, pensar o no pensar” Y más adelante, pero en la misma página, agrega: “Pienso yo que a veces yo no sé qué pensar sobre quién será más exitoso y preciso, si las personas que piensan mucho o demasiado o aquellas que piensan poco o nada”. Es que Rodríguez asocia el pensar al sufrir y reclama una fórmula que permite pensar y saber sin tener que sufrir.

Este libro encierra la actitud ante la vida de Nicolás Rodríguez, pero también su visión del mundo y de la conducta humana, todo dicho de una forma muy suya, y con la persistencia de la frase “Pienso yo…”, como si fuera dicha por alguien que no pretende resaltar su persona ni sus ideas, sino pasar como un sujeto sin importancia, como quien no sabe nada, cual discípulo de Diógenes el Cínico.