El Brujo
Una crónica sobre la importancia de escuchar música a la hora de escribir.
Tiene la música esa capacidad de inspirarnos, de provocar movimientos en nuestro interior, en nuestro ser, intelectual o emocionalmente, que muchas veces desembocan en hechos muy importantes para nosotros, que fueron motivados por ella.
Digo la música, porque por lo general, cuando me siento a escribir pongo música -que colabore con mi proceso de creación-, sea este cual sea.
Claro, es muy importante saber hacia dónde vas, para escoger el camino. Cuando sé lo que voy a escribir, busco una música que provoque, al menos tenuemente, eso que busco, que genere una atmósfera propicia para ello.
Algunos de estos artículos que publico aquí, terminan citando la música que escuchaba mientras los escribía o un tema que eso que estuve escribiendo me provocó escuchar.
-Es droga del alma.
Un viejo amigo de cuando yo residía en DF, México, siempre decía eso, que la música funciona como droga, por eso le llamaba “droga del alma”, y lo gritaba, para molestar a los ejecutivos conservadores, y siempre terminaba diciendo: -Además, es legal.
Claro, uno debe saber qué busca generar y qué lo puede ayudar o motivar a generarlo. Entonces volvía mi viejo amigo: -Ahí es que tu te das cuenta que es una droga del alma, un incitante. Hay quien para lavar unos platos necesita escuchar a Beethoven.
Yo le respondía:
-A mí que me dejen con Cuco Valoy.
Y tenía que pasar media hora explicándole quien era el viejo músico dominicano y su merengue famoso El brujo, que me encantaba, me volvía loco desde niño, y mi viejo amigo tras mis explicaciones siempre me decía: -No hay que hablar más. Mañana te amarras el pañuelo rojo en la cabeza, como ustedes saben, y desde que llegue el jefe, comienzas a bailar y seguro nos corren o cancelan la presentación. No mames cabrón, este güey es del caribe.

