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Ventana sábado, 28 de agosto de 2021

Un poema para Erasmo Vásquez

Con este poema, el autor rinde tributo al destacado médico vegano fallecido recientemente.

  • Un poema para Erasmo Vásquez
Antonio Mena Henríquez
Santo Domingo, RD

Fuente de tu nacimiento
Yo recuerdo tu solidaria vida arribando a la tierra por  las cuerdas imantadas del rocío cantando sobre la niebla   con los violines del río

Eran los días cuando en Las Caobas de Jamao al Norte doseles de verdes ramas coronaban las montañas meciéndose dulcemente con las hamacas del viento mientras a flor de tierra el tiempo y todos los elementos con la yerba y la lluvia y con la savia del sol conciliaban en secreto el sueño de las raíces celebrando entre dos lunas tu varonil nacimiento

Pero la vida al nacer lleva consigo la muerte por eso nos duele tanto ver el rostro de los muertos

Bajo paisajes de soles
En Las Caobas de Jamao al Norte cuna de tu recia estirpe fue tu infancia un paraíso galopando a rienda suelta sobre un carrusel de estrellas creciendo sobre las cumbres de verdecidas montañas   y muchedumbre de amores

Pero la vida al nacer lleva consigo la muerte por eso nos duele tanto ver el rostro de los muertos

El ángel soñador  
Estudiando horizontes de ilusiones para elegir su estrella el joven soñador abandona regiones deja atrás padres hermanos y amigos la muchacha más amada y el lar querido y empieza a construir el camino que lo llevará al destino elegido mas tú fuiste diferente camarada porque antes y al irte tú soñabas siempre con los sueños del pueblo entre tu sueño

Pero con su nacimiento toda vida lleva dentro el corazón de la muerte por eso nos duele tanto ver el rostro de los muertos

En las aguerridas calles de tu vida  
En el liceo Ercilia Pepín conociste el precio de la libertad Ingenuo y ebrio de cielos confundías las pompas de jabón con realidades y utopías terrenales y enamorado de los universales amaste con delirio gimnasias literarias   entre contiendas de ángeles sudando sueños con tu cuerpo al abrigo del cielo elevando con tus manos estatuas de arcoíris y minerales   

Desde lejos llegaron nubes de oscuros mensajeros disfrazados de insidiosas golondrinas   que susurraban el mensaje de la muerte con un frío viento a tu oído y al oído de la gente

Luego fue la tragedia y el incendio de jinetes sin cabeza de la muerte   pisoteando y marchitando la alegría   por campos y ciudades ciegamente

Pero con su nacimiento toda vida lleva dentro el corazón de la muerte que va apagando su llama con fatídicos latidos

No existían primaveras en tu equinoccio
No existían primaveras en tu equinoccio sino que te llegaban sin previas citas abriendo a ti sus dulces cálices y ardientes bálsamos de celestiales rosas y angelicales margaritas

Ebrio de amor y pueblo despertabas sobre el tálamo de la tierra reverdecida pletórico de ofrendas y de vida

Pero al nacer cada vida lleva consigo la muerte por eso nos duele tanto ver el rostro de los muertos

En la Vega de tu amor
Como un astronauta del presente voy por la polvareda azul de tu pasado cruzando las electrizantes cuerdas de tu vida atadas con las oscuras cuerdas de la muerte unidas como dos amantes que se repelen íntimamente condenados a vivir amarrados por un nudo de insolubles laberintos que solo desata al azar la dentadura del tiempo   Orientado por la rosa imantada de tu sueño con tu amada familia de toda la vida tenaz y aguerrido de tu querida ciudad de San Francisco te mudaste a La Vega incluida en la lira de tu imaginario ¡A La Vega que tanto amaste! “La pequeña suiza del Cibao” como solías llamarla tú algunas veces

Y trabajando   con los confluyentes instrumentos del pasado y el presente con entusiasmo delirante   construías cada día la felicidad y la alegría

Trance de tu cuerpo de la Vega a Santiago
He aquí el incendio de elementos He aquí la hoguera crepitante de la cal la madera y de las piedras He aquí mi alegría y el hueso de la vida carbonizada en el horno del tormento y la tortura de mi alma ya sin alas atrapada en la telaraña del martirio tejido con los hilos de la muerte por su patuda araña impenitente

He aquí un tsunami invisible levantándose sobre el mundo sorpresivamente Desde todos los confines con tormentosos instrumentos de muerte

Un tsunami invisible máquina de la muerte transparente ahogando y diezmando la vida llevándose tu cuerpo a Santiago en medio de la tormenta aniquilando en su trayecto la alegría y la sonrisa de los niños con sofocantes aletazos   arrastrando instrumentos de afilados dolores   y gritos viscerales de la muerte

Un tsunami invisible que desploma a su paso las compuertas del cielo arrastrando consigo hacia nunca y para siempre tu cuerpo varonil con todas las estrellas ¡Ay, hacia nunca y para siempre compañero! ¡Hacia nunca y para siempre!

¡Oh inmensidad de tu ausencia! ¡Oh naufragio de la alegría! Todo se ha hundido en la tristeza   y solamente me ha quedado como único legado espinas de ortiga y de retama y   lacerantes heridas de ardiente dentadura de amargura Cada espacio es un grito de aflicción que se esparce como una polvareda de ceniza una fiesta sin música ni gente ¡Una bandera abandonada en la contienda! ¡Ay, cuánto pesa en mi alma la tierra que te cubre compañero!

No hay dioses ni medicina que puedan curarme   el espacio infinito de mi herida

¿Con quién hablaré como lo hice contigo sobre soledades de quijotes y medicina? ¿Con quién podré charlar sobre la silla turca? ¿Con quién sobre el mal del corazón roto?

Nunca más
Nunca más será igual el tiempo ya conmigo

Nunca más será igual escuchar en mi oído la fiesta del tiempo sintigo

Nunca más volverá la alegría de los caminos recorridos contigo

Nunca más el júbilo de las horas compartidas    ni el sosiego de confesarte la cotidianidad del mundo y su oscuro destino

Nunca más hermano camarada de toda la vida

Nunca más

Ya los elementos transpiran exudando la mortaja de tu cuerpo y de tu féretro   ya te has ido sin regreso hacia la eterna ausencia y mares del olvido

¡Yo no visitaré de nuevo la puerta de tu casa!

tu casa ahora vacía ha quedado oscura y fría sin tu calor fraterno sin tu clara presencia ¡Ay, sin tu contagiosa risa y alegría!

Nunca más tu amorosa compañía Nunca más tu abrazo solidario de hermano Nunca más  compartir en tu hogar y en tu espléndida mesa el pan y el vino Nunca más la alegría de tu voz ni la dulzura de tus ojos en el umbral de tu casa al recibirme      

Nunca más compañero Nunca jamás

Tal vez solamente cuando se apague mi vida Podría curarse el dolor y la herida que ha dejado en mi alma para siempre tu sorpresiva y doliente despedida

Ciudad Colonial, D.N. Domingo, 22 agosto 2021