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Ventana domingo, 29 de agosto de 2021

La heroicidad vegana: “El águila y los ruiseñores”

Con su nueva novela, César Arturo Abréu aporta a la narrativa nacional sobre la intervención norteamericana de 1916

  • La heroicidad vegana: “El águila y los ruiseñores”
Luis Beiro
Santo Domingo, RD

La literatura corre por la sangre de César Arturo Abréu. Le viene por herencia. Su padre fue un vegano ilustre que escribía cuentos y novelas donde mezclaba lo real maravilloso con la historia y los aportes de la Ciudad Culta y Olímpica a la República Domonicana. Le gustaba contar historias populares con lenguaje culterano. Y las divulgaba en el periódico local, “Mundo Vegano”. Sus compueblanos disfrutaban sus impresos y él se llenaba de felicidad al verlas impresas. Las conservaba y le brillaban los ojos cuando las veía.

Hoy, su hijo César Arturo, es el ingeriero civil, que ha levantado una nueva ciudad en su Vega natal. Y también ha heredado el oficio de su padre, en su caso, en una perspectiva de alto vuelo creativo: la novela. Pero su prosa es distinta, en forma y fondo. Es un legado de historia, de la buena, de la que hace gala por su condición de vegano ilustre.

Junto a los repartos modernos, empresas, plazas comerciales, edificios, museos, monumentos y remodelaciones nacidos de su impronta , crecen las páginas de su obra literaria. Es un oficio que ha asumido en su plena madurez como tributo a la heroicidad de su provincia y de los jóvenes que asumieron un importante compromiso social.

En su segunda novela, “El águila y los ruiseñores” la historia y la aventura se dan la mano para resaltar valores y hazañas de su provincia, la que ama y defiende por sobre todas las cosas. Desde la descripción del primer vuelo en aeroplano registrado en los anales del país, hasta los acontecimientos de rebeldía popular para que la primera localidad nacional que abandonaron por los invasores, fuera La Vega.

Abréu acude a la ficción. Evita nombres y recopilaciones, Con los datos necesarios a mano, presentar un grupo de jóvenes veganos que a principios de siglo enfrentaron la ocupación del país por las tropas norteamericanas.

Lo hace con la información como recurso literario para complementar un flujo narrativo coherente, muy bien hilvanado y cercano al testimonio,  donde la heroicidad señorea.

Sus protagonistas son de carne y hueso: gente de pueblo, veganos de corazón que amaron a la ciudad y renovaron el sentimiento por la ciudad que los vio nacer. Es tal vez el ejemplo literario más consumado sobre la impronta local, y la incorporación de la cultura como épica de resistencia.

El rescate de los valores tradiciones, la importancia de la rebeldía y el orgullo de ser vegano, conforman la personalidad de estos personajes que, al igual que Los Trinitarios de ayer, impidieron el ultraje de nuestra soberanía.

Es el canto del ruiseñor, oculto en la rama de los árboles, el que a la unidad y a la resistencia lo que ensarta a la juventud a rechazar al ocupante extranjero.

Esta es una novela, pero también un dechado narrativo lleno de virtudes e imágenes intensas que no podrán ser olvidadas.