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La cultura del engaño o reflexión olímpica

Nelson Pinal Borges, MI & FIDE Trainer
Santo Domingo

En su excelente obra El hijo del cambio Gary Kasparov, exCampeón mundial, y para muchos especialistas el jugador más destacado de la historia del Ajedrez, escribió “la vista de una Olimpíada mundial nunca deja de excitarme. Toda esa gente de todos esos países algunos ricos, otros pobres, algunos comunistas, otros capitalistas; pero todos compartiendo un entusiasmo común por el Ajedrez. La sala se alarga tanto como el ojo puede ver y aloja en ella todos los colores y credos de la tierra”.

A raíz de lo señalado por Kasparov, surgió la siguiente reflexión:

Si yo fuera pelotero (y aún sin serlo) me encantaría presenciar un juego de las Grandes Ligas; como jugador de Baloncesto, nada mejor que asistir a un partido final  de la NBA; asimismo, a qué karateca no le agradaría ir a Japón para aprender de los maestros de ese arte? Igualmente, un amante a las carreras de caballos desearía ir al famoso Hipódromo Argentino de Palermo y disfrutar del ambiente que se vive en el lugar,  conocer a célebres jockeys y admirar hermosos ejemplares equinos. Hasta el más sencillo y humilde limpiabotas le agradaría asistir a un campeonato internacional de su especialidad.

A los ajedrecistas nos gustaría ir a un Campeonato o a una Olimpiada mundial, y mejor aún si fuera con todos los gastos cubiertos. Por la experiencia que tengo de más de 50 años ligados al  Ajedrez -he participado en tres Olimpíadas y dos Campeonatos mundiales (juvenil y estudiantil)- me consta que a los jugadores, árbitros, entrenadores y federativos les  emociona  ir a esos eventos. En muchos países es muy común ver a los directivos disputándose la oportunidad de asistir como representante oficial o jefe de delegación. Es lógico, aman a su deporte y para ellos sería cumplir un sueño… por supuesto, a los ajedrecistas verdaderos que tengan un mínimo entusiasmo por el Ajedrez.

En un evento de esa naturaleza el ajedrecista apasionado  disfrutaría compartir por varios días con los jugadores de la élite mundial y colegas de otros países; conocería a los principales árbitros del mundo y personalidades de la Federación Internacional, etc. Sencillamente deleitarse de un ambiente único del Ajedrez que se produce cada dos años.

Intercambiar ideas de desarrollo, conseguir invitaciones para sus jugadores o equipos, firmar convenios, solicitar donaciones y conocer a los directivos internacionales,   es tarea de los federativos, por lo general del Presidente de una Federación deportiva. Estos puntos constituyen aspectos principales de su función directiva, además de acompañar a sus  jugadores  durante el viaje y la competición,  estar al tanto de sus actuaciones y de cualquier imprevisto técnico, de salud, etc.

Se supone que el presidente de una federación de cualquier deporte sienta por el mismo; por lo tanto, es normal que  priorice su asistencia  a un evento mundial por encima de otros compromisos; es ilógico e inapropiado que delegue en otras personas la responsabilidad de encabezar una representación olímpica nacional ya que deja de cumplir con una de sus funciones y se convierte en un Jefe que no conduce sus tropas en la batalla decisiva, la Olimpíada Mundial en el caso del Ajedrez, el evento de mayor importancia ajedrecística del mundo.

Si Usted es jugador, árbitro, entrenador y más aún, federativo, y no desea ir a un evento de categoría mundial, no se engañe, Usted no siente por el Baloncesto, el Hipismo o el Ajedrez. Su vinculación al deporte está determinada por intereses extradeportivos y es evidente que aunque trate de disimularlo, lo utiliza como plataforma de lanzamiento hacia objetivos políticos, profesionales, o de otra naturaleza, ajenos a la actividad deportiva que representa. Sin embargo, la experiencia indica que en el deporte ese falso comportamiento le traerá consecuencias negativas: como jugador, árbitro o entrenador Usted difícilmente alcanzará la excelencia y como directivo no aportará nada al desarrollo de la disciplina. Ejemplos sobran.