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Ventana domingo, 12 de mayo de 2019

Antología

Decálogo y microrrelatos

  • Decálogo y microrrelatos
Mario Guevara Paredes
Cusco, Perú

Decídete, escribir microcuentos es un destello de imaginación.

No confundas al microcuento con la fábula, la greguería, la anécdota porque estas tienen sus propias singularidades.

Define bien tus personajes, no es recomendable la proliferación de estos porque arruinarás el texto.

Huye de las palabras que no contribuyen al microcuento porque con pocas de ellas redondearás la historia.

Recuerda que el microcuento es decisión, precisión  y comprensión. 

A veces es importante el silencio oportuno y la palabra adecuada cuando la historia no transita el camino indicado.

Cuando escribas un texto humorístico, desconfía del chiste porque contribuye a desnaturalizar la esencia del microcuento.

Para un microcuento duro es mejor utilizar un ojo agudo, y verás los resultados.

Confía en que toda historia, por más simple que sea, es buena para desarrollar un microcuento.

Por último, piensa que escribirás el mejor microcuento del mundo, y esa seguridad te llevará a conseguirlo.

 

 

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Siete microrrelatos de Mario Guevara Paredes

BRICHERO

Después de agotadoras jornadas de placer, el amor que le profesaba se había diluido. Pero la gringa (una lágrima se deslizaba por la sonrojada mejilla) estaba firmemente convencida que él volvería. Aunque la posdata de la carta decía: «Amor mío, sólo me llevo quinientos dólares porque te quiero».

EL DIOS

Aquel día, un hombre llamado Jesús que había estado bebiendo en una cantina, salió a la calle exasperado y empezó a vociferar: Soy dios, soy dios, soy… No pudo completar la frase porque un inesperado rayo lo fulminó al instante.

EL INSTRUMENTO

No era la primera vez que despertaba sobresaltado. Era el mismo sueño: la misma mujer y las constantes e interminables peleas. Además, como siempre, la  pesadilla terminaba cuando la mujer, en un arranque de furia contenida, cercenaba el instrumento de placer, del cual él se jactaba en demasía. Pero esta vez, no sólo despertó sobresaltado, sino terriblemente adolorido.

EL BOXEADOR

Desde infante se preparó para ser boxeador. Y conforme crecía, su única preocupación era convertirse en famoso peleador. Por eso, comía como boxeador, pensaba como boxeador y dormía como boxeador. Cuando por primera vez subió al ring subestimando al rival, cayó fulminado por knock out en el primer round.

LA  OTRA

—Dime, ¿qué puede tener ella que no tenga yo?

-—Juventud.

EL SOÑADOR

Era un hombre que soñaba mucho. Soñaba, por ejemplo, que era feliz aunque no tenía trabajo. A veces no comía, pero soñaba que almorzaba en el Sheraton Lima Hotel. Soñaba tanto, que en sueños vislumbraba que un día lo elegirían presidente de la república. Al final su sueño se hizo realidad. En la actualidad tenemos a un sonámbulo en el sillón presidencial.

 

 

INTRUSO

Allí estuve aunque no me invitaron. Todo había cambiado. Nada era igual. El mundo que conocía no era el mismo. No obstante, concurrí: viejo, jodido y sin esperanzas.