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Ventana domingo, 21 de abril de 2019

Literatura

Plaza Mayor, de Braulio Muñoz

  • Plaza Mayor, de Braulio Muñoz
Víctor Bidó
Santo Domingo

Nos toca en esta entrega a un poeta peruano (Chimbote, 1946). Plaza Mayor nos presenta una inquietud dentro del mundo de la memoria. Y lo que tenga que ver con ella lo tiene, a su vez, con el tiempo. Un pasado erigido por los sueños. Las fuerzas merman y los recuerdos se transforman en esa neblina de vida inconclusa y, a la vez, ideal que no se parecen en nada al acontecido.

Nuestro personaje recoge lo vivido en la juventud. Sin embargo, al regresar a su país el mundo no es el mismo. Dos tiempos: “Uno vuela por su cuenta; el otro va de acuerdo del ánimo. En esta espera sin bordes, de frío en la posaderas--- escurrida como en un cuadro de Dalí---el viejo manda.” No es el primero en sentir los fantasmas de la Plaza Mayor. La plaza es la memoria menesterosa del sujeto. Por ello, el sueño originario se transforma en tiempo transfigurado por la memoria.

Plaza Mayor es un libro existencial. Alterna la prosa con breves poemas que están signados por años. El regreso del personaje será desde la memoria y las dos formas del tiempo se tejen en una guirnalda escritural. Unido en un discurso y, a la vez, alternos. Se inventará por el sujeto que, en su añoranza, lo desea. El tiempo es implacable, inexorable, puntual y transformador. Es un enemigo que no se puede vencer, pero se le puede ordenar desde la subjetividad. Desde el arte, la mística y el amor podemos experimentar la trascendencia amada. Podemos transgredir  el Ser para la muerte.

 

1982

¿qué me llevo?

  este sabor de pisco

  que me hace extrañar

   la luz de sus ojos negros

   esta taza de café

   cortado

   con su melcocha

éste alboroto de pardelas

rebuscando

anchoveta pasada

 este ardor de manos

 atosigadas de podar

 destino

 nada por dios

 nada

(Pág. 22)

 Es una curiosidad que la Poeta Maldita nunca aparece en la narración. Este personaje es aludido mientras la otra la Cucarda termina siendo Isabel que, en uno de sus regresos, tiene una hija llamada Maritza y dos nietos. Esta escena es presentada sin que el tiempo se haya reflejado para en el siguiente apartado habla de ella y de él como dos viejos. Isabel, a su vez, es bien parecida a Marie Francés en París. Ambas le gustan hacer el amor en el suelo. A que conclusión quiero llegar: Plaza Mayo: una secuencia de espejos rotos como se advierte en el epígrafe de Borges al inicio del libro.

El tiempo tiene su encanto. Cada momento se disuelve en el cuerpo biológico y en la conciencia. Esta aventura está referida al tiempo vital. Ese que trastoca el ánimo e impregna la memoria de espectros maravillosos como posibilidad redentora de la subjetividad.

La Cucarda estaba arrugada, destruida por el viejo relojero. Encubrir esa puerca realidad es insolente, lo banaliza todo. Ella estaba tan acabada como estoy yo. Todo lo que acabo de escribir es mentira.”

(Pág. 52)