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Ventana domingo, 03 de marzo de 2019
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Cine

Clásico y universal

  • Clásico y universal
Ángel Alonso Dolz
Especial para Listín Diario
Asturias, España

CLÁSICO Y UNIVERSAL

Las manifestaciones artísticas no están eximidas de aplicar algún precedente; en el Cine no está excluída la posibilidad de que un recurso, una técnica, un modo de crear, ya se haya empleado en mayor o menor medida en una etapa previa.

En los años ´50 fue toda una experiencia ir a un cine y disfrutar del formato panorámico del Cinerama, un aporte técnico de la firma Paramount, que salió a la luz con el estreno del filme documental “Esto es Cinerama” (1952), al que siguió posteriormente “Vacaciones en Cinerama” (1955) y otros como “Las Siete Maravillas del Mundo” realizado en 1956; el concepto de este nuevo recurso, diseñado para captar espectadores en tiempos de despegue de esa gran competidora que fue y es la televisión, tenía la gran dificultad de que al requerirse tres cámaras para filmar y tres proyectores en el momento de la exhibición, se enfrentaba al obstáculo infranqueable de producir cintas dramatizadas y a todo un reto en el proceso del montaje.

De modo que dedicar enormes recursos técnicos y financieros para adecuar las salas de cine, luego rodar y sobre todo editar las tres cintas con exactitud en la sincronización no llegó a ningún sitio; fue invertir en tremenda parafernalia y solo atrapar al curioso que iba a ver una película documental de corte turístico, con el peligro agregado de que se rompiera uno de los tres equipos o también la película, porque entonces era  inevitable detener la función. De más está decir que los espectadores no repetían con facilidad su paso por la taquilla y el Cinerama -como novedad- desapareció sin recuperar lo invertido.

Lo que muchos desconocen es que Cinerama no fue un invento original; un cuarto de siglo antes, en  1927, el cineasta francés Abel Gance asombró al mundo con su filme silente “Napoleón”.

Por supuesto, el concepto de cine silente o mudo es relativo, los cines disponían de solistas o agrupaciones musicales que amenizaban la proyección de las películas, muchas veces improvisando según transcurría la acción, algo que vino a ser el precedente de las bandas sonoras salvando distancias, por supuesto.

Uno de los valores presentes en “Napoleón” que no superó el Cinerama, es su cualidad de ser una cinta de argumento, cuyo contenido se basa en la vida del famoso personaje Napoleón Bonaparte quien en 1804 llegó a coronarse emperador de Francia, después de dar el golpe de estado de 1799 que decapitó a la Revolución Francesa; Bonaparte había demostrado sus brillantes dotes como estratega y había sucumbido al sabor de la victoria en sus campañas de Italia y Egipto, preámbulo para conquistar toda Europa; libró duras batallas y poco faltó tras haber llegado con sus tropas hasta las puertas del Kremlin, en Moscú, para que desviara el curso de la historia.

El filme “Napoleón” fue toda una osadía al utilizar tres cámaras para la filmación, tres pantallas en la sala de cine y luego exhibirse con la exagerada duración de cinco horas y media; todo un reto técnico y sobre todo, una apuesta para la paciencia de los espectadores, que gracias a un excelente guión y maestría en el montaje, fueron seducidos por este filme bélico capaz de alcanzar cotas muy altas en la realización, más aún cuando en su argumento se plasman hechos reales acerca de la Revolución Francesa y las secuelas posteriores a la misma. 

Abel Gance fue un cineasta clasificado dentro del movimiento Impresionista francés; buscaba un lenguaje propio para su cine, sin desdeñar los aportes del estadounidense David W. Griffith (“Nacimiento de una Nación”, 1915) y del soviético Serguéi Eisenstein (El Acorazado Potemkin”, 1925), entre otros maestros sobre todo de la composición fotográfica y el montaje. Una experiencia interesante del realizador francés fue su filme “La Rueda” (1923) en el cual se revela como un innovador en la edición de planos muy cortos, dinámicos, que se alternan y yuxtaponen durante el recorrido de un tren y su violento impacto contra otro.

En “Napoleón” es vital desde el preciso guión, hasta el uso de la cámara y la posterior edición, pero además, la dirección de actores y actrices que evidencian su pretensión por ser protagonistas centrales en cada escena; entre estos aparecen personalidades artísticas como el creador del “Teatro de la Crueldad”, Antonin Artaud, quien se desempeña en el rol de Marat, y el mismo Abel Gance representando al terrorífico Saint Just, el azote de los que huían de la fracasada Revolución Francesa; el rol del “Gran Corso” estuvo a cargo del actor, guionista, escritor y realizador Albert Dieudonné.

"Me gustaría ser mi propia posteridad, ser testigo de lo que un poeta me haría pensar, sentir y decir", es una frase de Bonaparte que vemos al inicio de la proyección del filme y parece asumirla el cineasta tanto en “Napoleón” como en su vida misma.

También Gance emplea un recurso para reafirmar el ajuste de la ficción a la realidad, son textos que aparecen en la cinta, para aclarar que muchas de las escenas de la película fueron rodadas en los escenarios donde sucedieron los hechos, lo cual aporta verosimilitud a la realización. El afán por el realismo y la fidelidad a la historia siempre van de la mano en la película, como puede comprobarse en la escena del apuñalamiento del periodista Marat por Carlota Corday; es un asesinato que se corresponde con lo plasmado en el célebre cuadro -una pieza documental- del pintor David, y en los visibles apuntes tomados del libro “El Noventa y Tres” de Víctor Hugo para el guión.

Poco se ha difundido que Abel Gance llegó a hacer una versión con sonido de “Napoleón” en 1935; el filme era la obra de su vida, todo su espíritu creativo se había volcado en él y la llegada del cine sonoro vendría a colocar una lápida sobre la película, entonces intentó subirla al carro de los tiempos pero no funcionó; sin embargo los Zoetrope Studios de Francis Ford Coppola decidieron rendir un homenaje al gran director y a su filme más sublime, y en 1981 se finalizó una restauración de la copia original de 1927, en todo su metraje, adicionándole una banda sonora que fue concebida por el maestro Carmine Coppola e interpretada por la American Symphony Orchestra; esta versión -que llega a nuestros días- obtuvo un Premio especial del Círculo de Críticos de Nueva York en 1981 el año de su estreno.

La tarea de recuperar y sonorizar el filme fue en extremo meticulosa, llevó prácticamente una década de constante esfuerzo por parte -en gran medida- del historiador Kevin Brownlow, gracias a lo cual actualmente existe una versión total de “Napoleón” en formato Blu-Ray, que permite tanto a especialistas de la esfera cinematográfica como a cualquier espectador ávido de conocimiento, un acercamiento relativo al filme, aunque no sea con el concepto original de las tres pantallas.

Sin embargo, el filme digitalizado puede exhibirse en salas acondicionadas al efecto, algo que sería  un espectáculo que a día de hoy, sin dudas, tendría tanto éxito como el que se logró en el Radio City Music Hall en 1981 y más tarde en otros teatros, incluyéndose entre ellos el Karl Marx de La Habana, donde se presentó Carmine Coppola al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional durante las actividades colaterales del X Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en diciembre de 1988.

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