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Cine

La verdad está aquí dentro

Es curioso que a un joven de poco más de veinte años le preocupe conocer el origen de la Humanidad, para así, conocerse mejor a sí mismo

  • La verdad está aquí dentro
Ángel Alonso Dolz
Especial para Listín Diario
Gijón, Asturias, España

En las más antiguas culturas de nuestro planeta se mencionan de algún modo referencias a lo que se supone sean huellas de alienígenas, un asunto que ha venido alcanzando cierta magnitud en la literatura y el Séptimo Arte desde hace no pocos años; a interesarnos en este fenómeno han contribuido investigadores serios pero también pseudocientíficos y en buena medida la literatura y el cine de ciencia ficción.

Mientras una vertiente del conocimiento se ha encaminado hacia la búsqueda de respuestas en el universo que nos rodea, otra a la vez -con raíces ancestrales- ha intentado demostrar que la verdad está dentro de nosotros mismos y es factible alcanzarla; de esto último se desprenden las distintas religiones y las creencias esotéricas.

Lo que haya de cierto o falso en ambos modos de enfocar la realidad, depende sobre todo del razonamiento de las personas y un joven argentino, Alan Stivelman, tomó un día la decisión de escarbar en las tradiciones y mitos de culturas muy antiguas, adentrándose en aquello que el escritor colombiano García Márquez acuñó como "realismo mágico" y el autor cubano Alejo Carpentier definió con el término de "lo real maravilloso". El teórico literario, historiador y filósofo de origen búlgaro Tzvetan Tódorov, refirió en una de sus obras que "lo extraño, lo maravilloso y lo fantástico están emparentados".

Este año el cine argentino nos ofrece un documental relevante, en el cual se expone a la vista del espectador la doble hipótesis de confiar en lo posiblemente real de un incidente OVNI, o decantarse por creer en los efectos de las plantas alucinógenas.

Se trata de "Testigo de otro mundo".

Mientras algunos prefieren viajar por placer, comprar un coche o meterse en el tenebroso universo de la vivienda con hipoteca, al argentino Alan Stivelman le picó el bichito de aventurarse hacia lo desconocido con todo el dinero que había logrado ahorrar, y un buen día del año 2011 cámara en ristre, se introdujo en el paisaje mágico de las culturas autóctonas de Bolivia y Perú.

Durante unos meses de convivencia con la comunidad indígena de los Queros, en Los Andes, desconocida para el resto del mundo hasta los años ´60, llegó a realizar su ópera prima, el documental "Humano" (2013) cuyo sentido subjetivo no es otro que el descubrimiento de quiénes somos, hacia dónde vamos y cuál es el rol que jugamos en este tablero de ajedrez donde vivimos.

Terminado su empeño cinematográfico, Alan Stivelman retornó a Buenos Aires, pero no enterró en el cajón de las anécdotas su paso por el universo oculto de los pueblos ancestrales de América del Sur; cinco años más tarde hizo de nuevo el equipaje y regresó, en esa nueva ocasión para adentrarse en el ámbito de un supuesto misterio alienígena.

De su regreso al corazón de Suramérica surgió su segundo filme documental: "Testigo de otro mundo".

Stivelman se hace acompañar en esa ocasión por Jacques Vallée, un reconocido astrofísico, con el objetivo de conocer de primera mano el incidente que dice haber vivido un campesino llamado Juan Pérez, el cual sostiene que fue testigo directo de un encuentro cercano en la tercera fase con un OVNI.

A través del documental, el protagonista del supuesto acontecimiento relata cómo en 1978, cuando  era un chico de 12 años de edad, observó una extraña niebla mientras cabalgaba por el campo no lejos de su casa; la curiosidad adolescente le hizo adentrarse en lo que parecía ser una nube gaseosa y de improviso, tuvo ante sí un extraño objeto volador que terminaba de posarse sobre la tierra.

Según declara, llegó a establecer contacto con seres que se encontraban en el interior de lo que pudo haber sido una nave espacial; Juan Pérez, sin apenas estudios, carente de acceso a medios de comunicación y ajeno a materiales fílmicos donde se presentan robots y aliens, vuelve a describir aquel acontecimiento cuarenta años después, mientras sufre todavía los efectos de un estrés postraumático.

El documental permite al entrevistado narrar su experiencia, inserta fragmentos de entrevistas un tiempo después de los momentos en que sucedieron los hechos y narra la ayuda que le proporcionó una comunidad guaraní para estabilizar su alterado equilibrio emocional.

Si bien el realizador pudo haber centrado la trama en el aspecto de los misterios ufológicos, se decidió por lo     que para él ha sido un verdadero superobjetivo: que la persona llegue a conocerse a sí misma y predomine más lo espiritual de las tradiciones chamánicas que el supuesto fenómeno de la visita alienígena. 

Y quizás haya una explicación objetiva para entender por qué, en lugar de explotar la moda de los visitantes de otras galaxias y los mitos que la rodean, el director haya preferido el camino de la espiritualidad y es que, sin dudas, Alan Stivelman prefiere mirar más hacia el mundo interior que al universo más allá de nuestro planeta; por algo lleva años en pos del sentido de la vida y quiere que los espectadores también se hagan sus propios cuestionamientos en lo referente a qué cuerdas mueven al subconsciente del individuo.

Una lectura superficial de "Testigo de otro mundo" nos sitúa en el plano del observador más simple, pero no es esa la intención del documental; los 78 minutos en pantalla ofrecen argumentos para la reflexión, no tanto sobre si son ciertos los avistamientos de ovnis, los encuentros con seres de otros planetas y los peligros o beneficios que podrían aportar los pretendidos visitantes del espacio exterior, como por la necesidad de que nos conozcamos mejor y logremos traducir -comprender- los fenómenos que nos afectan en lo psicológico o lo metafísico.

En la cinta no se soslayan las emociones que despierta en el espectador el protagonista, Juan Pérez, ese hombre sencillo al que un hecho traumático condenó a una voluntaria vida en soledad; a ello contribuyen sin dudas un guión que fluye -según lo exige la historia que se narra- y el dominio de los planos de cámara para acentuar el dramatismo en cada escena.

De dónde venimos, quienes somos y hacia dónde vamos, son preguntas que provocan la reflexión en los seres humanos desde los primeros tiempos sobre la faz de la Tierra, cuestionamientos tan profundos como el problema fundamental de la Filosofía: la consabida polémica que desde la Antigüedad debate dónde está la Verdad si en la conciencia o en la materia.

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