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Los Zafiros

He venido a decirte

  • He venido a decirte
Ángel Alonso Dolz
Asturias, España

"Por tu amor soy capaz

de dar mi vida entera."

Al producirse una ruptura social en Cuba en 1959 se establece un régimen revolucionario; entre medidas positivas y negativas el nuevo Gobierno comienza a implantar decretos no escritos, y uno fue la prohibición de difundir música en inglés.

Es a partir de entonces que temas inspirados en melodías norteamericanas, pero interpretados en español, se difunden por la radio y la televisión sin que se note realmente una ruptura idiomática.  

Si Los Platters habían sido favoritos en los "Hits Parades" cubanos en el pasado reciente, a partir de 1961 su espacio lo va a ocupar un grupo de armonía vocal: Los Zafiros. 

La música que interpretaban recorría cada palmo de la isla y se proyectaba para alcanzar metas en otros países de América y Europa; su modo de hacer arte, inspirado en el doo-wop (o du-duá, como diríamos en español), se basaba en las voces de cuatro jóvenes intérpretes y una guitarra:

Los vocalistas eran Leoncio Morua (Quique), Miguel Cancio (Miguelito), Ignacio Elejalde con sus aportes en los más altos registros vocales y "El Chino" Eduardo Elio Hernández; en las composiciones y arreglos, así como en la dirección y la guitarra, estuvo la presencia ineludible del músico Néstor Milí Bustillo, quien años más tarde sería relevado en esas lides por el guitarrista Manuel Galván.  

En ellos vibraban las sonoridades del "Feeling", arraigado como una evolución del Bolero en el pentagrama cubano, pero además supieron asumir variantes del Bossa Nova, las baladas de Rock y otros géneros populares pasados y de su tiempo.

Los Zafiros crearon un estilo propio, original, que no ha vuelto a repetirse; alcanzaron la cima en su país, grabaron discos, se presentaban en los medios audiovisuales y llegaron a participar en la coproducción cubano-soviética Soy Cuba, de 1964. Al año siguiente se produce su expansión hacia el exterior, como parte del espectáculo The Grand Music Hall of Cuba, viajando por Rusia, Polonia y Alemania del Este, para finalizar la gira en el célebre teatro Olimpia, de París.

La juventud y el hecho de haber alcanzado la fama en muy breve tiempo ya venían pesando sobre los integrantes de la agrupación; esos chicos de origen humilde que de improviso se vieron colmados de oropeles, adicionaron a su pasión desaforada por los encantos femeninos y el gusto por el alcohol las rencillas personales; el saldo fue que al regreso de Francia se comenzara a entrever la debacle que no demoraría en desatarse.

Se ha comentado, aunque no hay pruebas fehacientes, que un agente de Tommy Williams intentó captarles y les ofreció un cheque en blanco mientras actuaban en París, también se dice que ellos lo rechazaron; no era descabellado su temor a los funcionarios de la seguridad politica cubana que por siempre han mantenido bajo custodia a deportistas de élite y artistas de renombre fuera de su país para impedir deserciones.

Lo que haya de cierto o falso en el intento de provocar que Los Zafiros se exiliaran, es poco probable que llegue a demostrarse algún dia, pero sí es muy verídico que los chicos del cuarteto-quinteto hicieron algunos comentarios mientras preparaban su regreso a la isla y evidenciaron que estaban arrepentidos de no haber aceptado aquel ofrecimiento.

 Lo real y verdadero es que al arribar a La Habana no fueron recibidos como triunfadores, sino como apestados, y cuando algunos se interesaron por esta actitud oficial, la respuesta fue que no merecían reconocimientos ni respaldo por ser unos indisciplinados. Y de esto último sobraban muestras.

Lo de sus alborotos y facilidad para entrar en reyertas era demasiado conocido; ejemplo de ello fue la situación que crearon en la zona turística de Varadero, donde al finalizar una de sus actuaciones, Quique Morúa y El Chino dieron un gran escándalo en el hotel donde se alojaban; armaron tal trifulca entre ambos, que intervinieron las autoridades.

Ambos cantantes junto a Elejalde -la voz "falsete"-, no salían de un bar para entrar en otro; excesos en la bebida, riñas por el favor de mujeres y escándalos a cualquier hora y lugar eran factores que les condenaban a su desintegración más temprano que tarde.

Mucho se ha comentado acerca de una supuesta adicción a las drogas en algunos miembros de Los Zafiros, pero todo ha quedado en el terreno de las especulaciones.

Las instituciones oficiales cubanas condenaron al ostracismo a Los Zafiros, según se dijo, porque creaban más disturbios que complacencia; sin embargo, en los inicios de los años setenta se intentó una recuperación y ésta venía de la mano del comandante José Ponce, personaje respetado en las altas esferas del Gobierno por su historia junto a Fidel Castro. Ponce era un fan de esos chicos y reconocía sus valores; era entonces presidente del Instituto de Desarrollo Forestal, con sede en la misma barriada del cuarteto, y le consta a este redactor que hizo lo posible y lo imposible por rescatar para la cultura popular cubana a Los Zafiros, aunque en realidad, las relaciones entre éstos ya estaban demasiado deterioradas y su desinterés por reconquistar el éxito se hacía patente.

Manuel Galván desiste en 1972 de continuar bregando con las locuras de aquellos muchachos; llegaron a no respetarse ni a sí mismos, su director y guitarrista acompañante decidió abandonarlos a su suerte y esto fue sin dudas otro golpe más para empujar a Los Zafiros al despeñadero.

Quien logró salvarse de un triste final fue Miguel Cancio, ajeno a la tozudez de sus colegas marchó a Miami. Las restantes voces sí padecieron sus desafueros suicidas: Ignacio Elejalde falleció a los 37 años en 1981, dos años más tarde la cirrosis hepática se cobraba la vida de Quique Morúa. Abandonado y sin recursos, casi ciego y alcohólico, El Chino dejaba de existir a los 56 años en 1995.

Los Zafiros llenaron un vacío en la Cuba de los años ´60 y ´70, fueron el refugio espiritual ante las campañas políticas y las consignas sin sentido; hicieron arte y si todavía se les tiene presente y se escuchan sus melodías, es porque supieron ganar la cima sin hacer concesiones.

Su recuerdo permanece en quienes les aplaudieron con entusiasmo, no por su modus vivendi en planos personales, sino por haber promovido felicidad y sentimientos de amor y alegría a través de piezas inolvidables como He venido, Bellecita, Herido de sombras, Ofelia y muchos otros.

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