DESDE LA ÚLTIMA BUTACA
El crítico de cine (Columna invitada)
Esta semana presentamos al lector, por su indudable interés, una columna invitada, contentiva de algunos párrafos que sobre nuestro oficio que escribiera el crítico literario Giovanni Di Pietro en su ensayo “La crítica de la novela dominicana”, de próxima aparición. I “Para nadie es un secreto cómo los críticos de cine llevan a cabo la difícil labor de juzgar las muchas películas que se les someten para recomendarlas o no al público. (Aquí, seguro, otras reacciones irónicas; pero, seguimos adelante…) Bien, los críticos de cine, los cuales –precisamos– son lastimosas víctimas de mucha inmundicia, para darle frente a tantas obras de dudable calidad, han elaborado una escala crítica de valores que les permite acercarse a una película sin comprometerse estéticamente y sin caer en la aceptación de cualquier cosa que cruce su camino. Al acercarse a una determinada película, ellos le asignan una categoría que corresponde a su escala, o sea: Excelente, Buena o Mala. La película que es Excelente puede ser una obra de arte; la que es Buena, algo aceptable y nada más; la que es Mala es mala, y no hay nada que explicar. Esta escala, claro está, tiene tantos hoyos como un colador. Es decir: son muchas las excepciones que se presentan en ella. Pero no importa. El crítico de cine lo sabe muy bien, y acepta esa realidad. Para él, aunque imperfecta, esa escala es un simple medio para llegar a un fin: su acercamiento, y el del público, a la película en cuestión. Es hacia esa meta que se dirige, y su escala, pese a todo sus defectos, lo llevará directamente a ella”. “Ahora bien, ¿por qué el crítico de cine hace esto? Simple: al no hacerlo, estaría incursionando en el campo de la estética, es decir, en el trabajo crítico especializado, algo que no tiene en mente llevar a cabo. A él le interesa el “acercamiento”. De ahí su interés por el “gusto”, por la “apreciación”, de tal o cual película. En el remolino de películas mediocres que salen a cada instante y que le son presentadas para que emita su juicio, necesita un marco de referencia rápido, incisivo, casi incuestionable, con el cual hacer su trabajo de acercamiento. El tiempo, la crítica especializada, el espectador inteligente y discriminante se encargarán, al final, de escoger entre el montón de basura considerada como arte esa joya preciosa que sería la verdadera obra maestra, la que brillará en los anales del alma de la humanidad. Mientras tanto, él habrá hecho su trabajo. Habrá establecido, dentro de los estrechos parámetros de su imperfecta escala de valores, una norma a seguir. Habrá trazado un claro sendero en esa selva oscura que atraviesa. La imagen del crítico de cine no se nos ocurrió, entonces, por simple sentido de polémica. Este es un pobre diablo que tiene que soportar a diario las más ruinosas mediocridades que van desde el cine violento norteamericano hasta el más estúpido espagueti western italiano, pasando por las más pretenciosas inanidades francesas y las más ridículas exaltaciones porno suecas. No tiene, el desdichado, ningún amparo ante esta avalancha de mediocridades. O acepto esta realidad, se dice a sí mismo, o me muero de hambre. Y salva lo salvable. Lo salva, claro está, a través de su “método”, la aplicación de su escala crítica de valores, su “acercamiento”.(Giovanni Di Pietro)

