Listin Diario Logo
04 de abril 2019, actualizado a las 08:33 a.m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
Ventana domingo, 06 de octubre de 2013
0 Comentarios

ESCRITORES DOMINICANOS

Casa vacía

  • Casa vacía
Carlos X. Ardavín

La casa está vacía; lo ha estado todo este verano que acaba de fenecer como un lirio exiguo y solitario… Lo observo de reojo, tan quieto y a la vez altivo en su florerito: la imagen de un anciano que se resiste al morir, la metáfora de una vida extraordinaria a punto de desaparecer. En lo mínimo reside la grandeza, a veces. He leído tantos poemas y todavía no logro aquilatar este momento crucial, pequeño: la lenta desaparición de una flor, hecha ceniza mustia por efectos de la corrupción del tiempo y la ausencia del agua. El florero, una pieza barata adquirida en un dollar store, no puede ser peor ataúd para la belleza secreta de este lirio que hoy, al abrir la puerta, me ha recordado que polvo soy y al polvo de la tierra regresaré. El esplendor de un cuerpo, la nobleza de una voz o la mirada incisiva de los ojos amados, materiales para el olvido y el adiós. Me resisto a aceptar esta verdad inmemorial e injusta.

El aire de la casa está enrarecido; un olor a humedad penetra todas sus estancias. La humedad al tacto es inquietante, pero olerla supone una experiencia singular, una sinestesia cuyo mecanismo poético no deja de chirriar al escucharla, al escribirla como si fuese lo más lógico del mundo.

Oler la humedad, me digo, mientras reviso los estantes de los libros (más polvo), los papeles revueltos de la mesa de trabajo, las plumas que han dormido durantes tres meses, con su tinta reseca … Abro el libro de versos tendido sobre el mullido sofá: José Ángel Valente, y sus poemas breves.

Brevedad que es luz, compleja sencillez, lucidez, luciérnagas de la memoria y el pasado. Por momentos pienso en la figura de la mujer que ayer caminaba sin prisa por la avenida. Traía un viejo sombrero, en sus manos el paraguas como pájaro herido, negro y azul, y su andar pausado, como si arrastrara los pies o llevara en sus hombros la desdicha.

Ayer, como todas las tardes, el sol inventó un crepúsculo de dorados resplandores. Ayer, como todos los días, creí ver en el horizonte el comienzo de la vida, la parálisis del tiempo y la posibilidad de la inmortalidad. Pero esta mañana, al levantarme, me di cuenta que todo era en vano.

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario
Contraseña