VIVENCIAS ¿QUÉ LEER?

Mundo cruel

Parecería la reminiscencia de una canción de antaño o la elucubración reflexiva que atestigua la existencia en la desgarradora realidad cotidiana que nos tocó vivir como generación. Pero no, se trata del título de un libro de cuentos que de algún modo sintetiza la rudeza de un mundo enmarcado en los lineamientos morales del prejuicio. El narrador puertorriqueño, Luis Negrón nos regala en su “Mundo cruel” una visión del conjunto de marañas culturales en la que nos movemos los caribeños. Con un ojo perspicaz para contar las historias desde su ambiente más significativo, Negrón nos sumerge justo en el lado de las historia en el que quiere sensibilizarnos. El mundo gay visto como símbolo y como realidad de una sociedad que aun decide si cede ante las tendencias de apertura inherentes a la globalización o si se ata ferozmente a la seguridad de los cánones del pasado. Pues su marco de valores se tambalea entre la diversidad que plantea el siglo y el remanente del mito que la religiosidad nos ha heredado. Entre frases directas, discurso simple y una apelación constante, el autor va presentándonos historias crudas , sin cortapisas, ni pelos en la lengua, desnudas al ojo del lector que las tomará en sus estados originales, evocando pálpitos y despertando pasiones. Pues en toda este mundo cruel hay dolor, angustia, celos, miedos y amor. Sí, el amor como un estandarte que emerge con mayor fortaleza en el penúltimo cuento, donde el autor muestra que en las relaciones humanas, amar siempre será un verbo que habrá de conjugar. Allí cambia baja el tono, y la forma, del libro con la finalidad de darle lugar al romance y la ternura. Para darle a los cuentos posibilidades de llegar a otros niveles de sensibilidad. Mundo cruel, es un libro que invita a una lectura incisiva, al tiempo que exige pausas tácticas para que el receptor saboree las esporádicas notas poéticas que de repente matizan algunas de las escenas de los textos. Al final de la lectura nos veremos conminados a reaccionar en dos vertientes, la conmoción ante una realidad desgarradora y la emotividad de haber sido testigos de amores y desamores que se nos presentan en su dimensión más sincera, por lo que más que juzgar a los personajes y sus decisiones, de pronto nos descubrimos entendiendo sus fórmulas cotidianas de enfrentarse a los no pocos problemas en los que se ven inmersos.

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