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Ventana sábado, 07 de mayo de 2011

MUJERES EN EL CINE

Las pioneras

LAS MUJERES EN REPÚBLICA DOMINICANA SE HAN DESARROLLADO MÁS FRENTE A LAS CÁMARAS

  • Las pioneras
    ¿Les fue difícil? Para las mujeres dominicanas, ha sido un reto ponerse tras las camáras.
Indhira Suero
indhira.suero@listindiario.com

De acuerdo a René Fortunato: “Hay que hacer una investigación más rigurosa sobre el papel de la mujer en el cine. Nadie las menciona porque se han enfocado en estudiar más la industria cinematográfica y no hay muchos referentes sobre eso”. Sus palabras no pueden ser más ciertas. Investigar sobre la labor de las “pioneras” del séptimo arte dominicano se presenta como una labor titánica o como dirían muchos, semejante a  buscar una aguja en un pajar.

A pesar del olvido y la indiferencia, algunos nombres surgen relucientes en la superficie de un lago de dudas:

María Steffani
Encontrar el nombre de María Steffani en las páginas del libro “Historia de un sueño importado / Ensayos sobre el Cine en Santo Domingo” del padre José Luis Sáez, otorga la satisfacción de hallar un tesoro. Esta santiaguense que desarrolló su trabajo durante los años 20 podría calificarse como la “pionera” del cine dominicano.

Nieta del expresidente Ulises Francisco Espaillat, por línea materna, se destacó en su ciudad de origen por ser una de las fundadoras del “Gurabito Country Club”, reina del carnaval de Santiago, presidenta del Club de Damas y promotora de la celebración de Día de las Madres.

Según el historiador Edwin Espinal, durante el gobierno de Horacio Vázquez consta en los boletines del Ayuntamiento que hizo fílmicas de varios actos. “No puedo afirmar que fuera la pionera en hacer cine en el país, pero la respuesta podría ser positiva, si consideramos que la primera película dominicana, “Los Amores de Cupido”, de Francisco Palau, es de 1922”, asegura Espinal.

Sobre esta mujer, desconocida para muchos cinéfilos, el libro de Sáez narra que se dedicaba a la filmación de reportajes o “revistas cinematográficas”. Steffani grabó el recibimento hecho por el pueblo capitaleño al boxeador vasco Paulino Uzcudun, el desembarco de la misión Dawes y actos del gobierno de Horacio Vásquez.

De acuerdo a Sáez, no hay constancia de que Steffani siguiera filmando después de esa fecha. “Algunos de sus proyectos quedaron inconclusos, como sucedió con el guión de ‘La Hispaniola’, una película histórica que patrocinaría el gobierno de Horacio Vásquez con motivo de la erección del Faro a Colón en 1927. Varios testigos la incluyen como colaboradora del equipo Palau Alfonseca en los primeros años de la década del 20”.

Alma Solaci, Evangelina Landestoy y Delia Weber

De padres venezolanos, Solaci respresentó a la niña que le pide a su padre un retrato de la virgen en el largometraje de Francisco Arturo Palau “La leyenda de Nuestra Señora de la Altagracia”.

Mientras que a Landestoy y Weber, que participaron en el largometraje “Las emboscadas de Cupido”, se les  calificó por la promoción del filme en 1924 como “distinguidas señoritas y jóvenes de sociedad”.

Landestoy tenía el papel de dama de sociedad enamorada de un joven y Weber hacia de la madre de ésta.

Este trío de mujeres podría ser considerado como el de “las pioneras del cine dominicano frente a las cámaras”.

Casandra Damirón
De acuerdo a René Fortunato, en la Era de Trujillo existió un gran desarrollo del arte popular que se dio más en la “Voz Dominicana”. Muchos de esos cantantes se presentaban en actuaciones, “lo que resultó en incursiones de mujeres en el cine, pero no por talento cinematográfico, sino porque se desarrollaban en otros aspectos del arte como el de la canción popular”.

Para Fortunato, un ejemplo de esta época lo fue Casandra Damirón, quien participó en películas realizadas en Cuba y en la República Dominicana, una de ellas “Las canciones unidas”, en 1960.

La participación de más mujeres en el cine se pudo haber visto impedida por la falta de desarrollo de la industria cinematográfica en el país.

“Petán Trujillo tenía la idea hacer un estudio de cine en La voz dominicana y ahí iban a trabajar actrices y personal de esa emisora. Si se hubiese hecho la inversión, el desarrollo del cine hubiera empezado mucho antes, pero hubo una crisis económica en la dictadura, y lo que se pensaba hacer no se hizo”, asegura Fortunato.

La olvidada
Roxana Bellini participó en películas en República Dominicana como “Caña Brava” (1965), aunque desarrolló su carrera en México con producciones  como “El barón del terror” (1962);  “Santo en el museo de cera” (1963); “Tin Tan y las modelos” (1963); “Los novios de mis hijas” (1964) y “Misión suicida” (1973), entre otras.

A pesar de ser dominicana, su carrera es prácticamente desconocida. Luego de la época de los 70, se radicó en México.

Las anónimas
“Otro papel de la mujer en el cine no tan feliz en el que muchas han participado es en la industria del cine pornográfico”, afirma René Fortunato.

Según Fortunato, esas no tienen nombre pero sí hay muchas y siempre se ha hecho, especialmente desde los años 70 hasta la fecha. “Después de la muerte de Trujillo hubo un período que venían a hacer películas los italianos y ese tipo de cine se desarrolló mucho aquí en el país”.

Más al frente que detrás de cámara
René Fortunato afirma que las mujeres eran “un cero a la izquierda” hasta 1945 cuando se le empezaron a otorgar derechos, pero se les siguió tratando con la punta del pie: “Es por eso que no podemos pensar siquiera en mujeres dirigiendo cine. Se le puede atribuir a eso su ausencia en el ámbito cinematográfico y es que en muchas ocasiones han sido vistas como un oscuro objeto del deseo. Ya con la Guerra de Abril, las mujeres irrumpen en el escenario reclamando sus derechos y con sus acciones mandaron la señal de que sí estaban trabajando igual que los hombres”.

Victoria Kludge
República Dominicana debe mucho a la colombiana de origen alemán Victoria Kludge, quien desarrolló en el país una gran labor en el quehacer cinematográfico a través de la empresa “Cine Acción” junto a su esposo, Máximo Rodríguez, hijo de Max Pou.

Con su empresa realizó varios documentales y cortometrajes, dio soporte a productoras internacionales y también apoyó muchas de las iniciativas del cine nacional a través de préstamos.  

“Si a alguien se le debe reconocer es a ella. Fue una mujer solidaria y entusiasta que aportó en gran medida el desarrollo del cine nacional. Y formó parte de una empresa que en un momento determinado era la más importante en el país. En términos gremiales, fue de las fundadoras de la Asociación de Cine Dominicano (ADOCINE) y fue una de las principales impulsoras de ese proyecto”, asegura Fortunato.

La primera generación
La Facultad de Cine en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) se fundó en abril de 1979. Y de acuerdo a Agustín Cortés, director actual, en esos primeros años las mujeres empezaron a interesarse por estudiar la carrera.

“En el primer grupo de graduandos había una mujer llamada Josefina Montolío Payán. Era egresada de Psicología pero estudió cine e, incluso, fue tan excelente en los estudios, que leyó el discurso de orden de los graduandos en 1983. Pero se fue a Estados Unidos y no siguió trabajando cine”, manifiesta Cortez.  

Entre las primeras generaciones de mujeres estudiantes de cine en la UASD se encuentran Yara Patricia Pimentel, Teresa Urbáez, Emely Michelle, María Reyes, Grisell Montilla y Luz del Alba Veloz.

Varios factores inciden en que el trabajo de las mujeres en esta área del arte no se haya documentado. Pocas son las que se conocen por una labor consistente y a varias se les ha hecho imposible superar los obstáculos presentados por una sociedad machista.