LA CUARTA PARED

Reloj despertador

Avatar del Listín Diario
Virginia Sánchez NavarroSanto Domingo

Cada cierto tiempo, necesitamos una alarma despertadora. Después de mucho trabajo, de muchos problemas y de mucho pensar, nuestra mente se va acomodando a la rutina, a las quejas, al desanimo. No importa cuan entusiasmados estuvimos días atrás con algún plan para el presente o el futuro. En cuestión de horas, ese mismo plan nos parece estúpido; no sabemos ni cómo se nos ocurrió. Muchas veces este cambio brusco ocurre por razones exactas, como el hecho de que algunos nos hicieron sentir mal, nos recordaron que no podemos contar con ellos; y a veces ocurre por motivos tan abstractos que ni siquiera entendemos, quizás ese día fue demasiado frío, el café no llegó a tiempo o a nuestra creatividad se le olvidó reportarse. Es entonces cuando eventos, muchas veces terribles, suceden a nuestro alrededor y nos despiertan otra realidad. Esta realidad es que estamos en un mundo donde todo puede pasar; lo bueno y lo malo, lo usual o lo inesperado. Pensar en esto nos da una nueva perspectiva. Para algunos, esta perspectiva es gris: ¿Para qué seguir con planes irrelevantes que al fin y al cabo pueden arruinarse en un momento?; para otros, esa nueva perspectiva es clara, llena de una energía renovadora. Esta nos enseña que el momento de actuar es ahora, que si todo puede acabar mañana, es entonces hoy cuando debemos dejar nuestra huella; que no nacimos para ocupar espacio, que para eso hubiera venido otro a hacer mejor uso de nuestro lugar. Ya sea que dure ciento veinte años o quince, nuestra vida es nuestra. No le fue dada a nadie más. Y, acompañando al tiempo que tenemos, viene la responsabilidad de aportar algo con él. No necesariamente tiene que ser algo descomunal, puede ser algo sencillo como decidirnos a ser verdaderamente felices, y este “simple” logro va a hacer una diferencia en el mundo. Siempre hay alguien que nos está observando, siempre hay alguien que puede afectarse por nuestra felicidad y logros. No importa si nuestro gran plan es aprender a cocinar o descubrir la cura del cáncer, nuestra consagración al logro de aquello en lo que creemos va a dejar alguna huella. Quizás nunca alcanzaremos ser excelentes chefs, pero al menos estaremos en la cocina y, ¿Quién sabe a cuántos futuros Ferran Adriás encaminaremos con nuestro esfuerzo?. Todas esas cosas carentes de sentido que suceden en nuestro mundo, esas tragedias e injusticias que tantos sufren, son alarmas despertadoras. Nosotros estamos aquí, vivos, y no podemos dejar nuestra propia vida para después, o para cuando los demás, o nuestro propio ánimo, así lo manden. No esperemos que suceda lo inesperado para despertar.

Tags relacionados