DESDE LA UASD

Un aroma que ilustra mi mente

Esa agradable esencia invadió mi mente y activó mis recuerdos de antaño. Hacía tiempo que no disfrutaba de ese olor. Exquisita fragancia. Más allá de recordarme a Diamonds, deTaylor, o a Poison, de Dior, me hizo recordar a “La Mañosa”, y a Villa Francisca y los fantasmas de Marcio. Cuántos recuerdos de mis frecuentes visitas, a veces en tardes de lluvia, a ese lugar tan acogedor, de inigualable sosiego y bienestar pleno, en mi pequeña media isla. Aquel día de inicio primaveral, viajé media hora, de Nueva York a Nueva Jersey, y de repente me encontré allí, en ese espacio, único, por suerte disponible en cualquier parte del mundo. Pero que muchos tenemos relegado. Me sentí atrapada en ese rincón, y me llegaron a la mente tantos recuerdos de infancia, de tiempos de universitaria... Rememoré mis amores con Shakespeare, mis encuentros con Borges y con Neruda, en horas distintas... y mis conversaciones, callada voz, con Aída, en ese sitio, donde todo es posible... Allí se puede ver de cerca el universo, y se abre al mundo la historia, y se ocurren encuentros fantásticos. Me transporté en mi mente a la tercera planta de la Facultad de Humanidades en la UASD. Allí estaba Casimiro Castro, siempre tan atento. Luego me dirigí a la Biblioteca nueva, y me senté en la Sala Museo a hablar un rato con Pedro. Nuestra charla giró en torno a Silvano y de su Museo Rural Los Ríos en Neyba. Aun el frío invernal se resistía a darle paso a la primavera, y soplaba un viento que de cuando en cuando se precipitaba contra el ventanal de aquel hermoso lugar, en Hackensack. Lo recorrí despacio, de principio a fin, y respiré intensamente ese perfume tan grato a la memoria. Me sentí culpable de no visitarlo más a menudo y poder percibir con más frecuencia ese “olor a la guayaba” que tanto me gusta. Me recordé de aquella última vez que esa fragancia me invadió los sentidos. Quise acariciar todo con mis manos, y llevarme ese aroma prestado para mi casa... Sentada allí, me di cuenta que sí, que la vida es un sueño, que el caballero de La Mancha con su armadura lo podía encontrar en esta o en cualquier biblioteca. Y me di cuenta, que no es lo mismo leerlo en la Internet, que poder tenerlo, tocarlo y olerlo. En ese momento me decidí, que cuando todo pase en mi vida, llevaré un libro y su aroma conmigo. Ay, si yo tuviera aquella lámpara de Aladino en mis manos para frotarla... -como dijera Marrero- ¿y para qué soñar...? Si puedo leer un libro y hasta respirarlo, sentada en una biblioteca.

Tags relacionados