DESDE LA ÚLTIMA BUTACA

Caminando, caminando

Al pueblo japonés, en este difícil momento de su historia Rencores acumulados, resentimientos escondidos, frustraciones hirientes, añoranzas atroces, honestidad desgarrada y conversaciones desoladas ocurren en esta película que transcurre dentro de un hogar. El maestro Hirokazu Koreeda se aprovecha de un encuentro familiar para tocar el tema del remordimiento, el desamor y el dolor de los seres humanos que portan la misma sangre. “Caminando, caminando” capta y renueva muchas miradas del cine Ozu, sobre todo cuando se aventura a utilizar la cámara para rastrear gestos y equilibrios ditirámbios dentro del drama familiar. La tragedia está contada con ese inconfundible acento oriental donde la sencillez expresiva, la profundidad conceptual y la puesta en escena enriquecida con elementos de escenografía, ambientación y vestuario de la cotidianidad, señorean. Si algo hay que resaltar en este meticuloso trabajo, después del excelente guión y la precisa fotografía, es la dirección de actores. Los personajes están elaborados con limpieza académica, como para que el espectador adquiera el pulso de la historia de solo verlos mover y mirarse entre sí. Desde ellos, el director pone a hablar a los platos, cubiertos, ropas, enseres y objetos que conforman el entorno doméstico. Todos salen a la luz de la misma forma en que lo hace la incomunicación familiar y la decepción de un padre que quiso alguna vez educar a sus hijos de una forma distinta a la de hoy. El enfrentamiento entre la tradición nipona que se resiste a morir, y los embates de la modernidad funciona como elipsis sobrecogedora. Esta lucha de contrarios va de la meditación a la nostalgia a través de una banda sonora que no olvida incluir los ruidos que suceden dentro del inmueble como puntos de equilibro entre palabras, silencios y exabruptos. La profundidad de campo y el sonido permiten espontáneas y esporádicas intromisiones de esa banda sonora que, como personaje adicional, se convierte en inflexión o marco de referencia del pasado. “Caminando, caminando” rescata el llamado “cine de diálogos”; pertenece a esa categoría de películas donde las palabras valen más que las acciones y donde los silencios también suelen convertirse en palabras. Es durante las conversaciones familiares cuando la cámara desnuda los resortes internos de los protagonistas; recrea los rostros que piensan en silencio. Este es un cine puro; ese que no necesita de piruetas; un cine donde el director no improvisa, sino planifica. Koreeda apuesta por el fluir narrativo, cuida los detalles y se esmera en el cultivo de las formas: luces y ecos recorren planos de hermosura, trabajados con poesía de la buena. Sencillo en apariencia, pero difícil en la práctica “Caminando caminando” es un filme que prosigue la riqueza cultural del cine japonés que, a diferencia de occidente, no se detiene en sutiles ejercicios ni en deslumbrantes celosías. Su hondura conceptual nos arrastra otra vez al fondo de una historia donde en apariencia no pasa nada y, sin embargo, sucede demasiado. FICHA TÉCNICATítulo en inglés: Still walking. Dirección y guión: Hirokazu Koreeda. País: Japón. Año: 2008. Duración: 108 min. Interpretación: Hiroshi Abe (Ryota), Yui Natsukawa (Yukari), You (Chinami), Kazuya Takahashi (Nobuo), Shohei Tanaka (Atsushi), Hotaru Nomoto (Satsuki), Ryoga Hayashi (Mutsu). Sinopsis: Unos hijos visitan a sus padres para conmemorar la trágica muerte del hermano mayor, ocurrido quince años atrás. Durante la visita, aflora la personalidad de cada miembro de la familia.

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