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Separatas lunes, 01 de agosto de 2022

Revelación. Un periodista da su testimonio sobre lo vivido en lo que se conoce como la “Poblada del 1984”.

Un abril que se recuerda sangriento y trágico

  • Un abril que se recuerda 
sangriento y trágico
Carmen Guzmán
Santo Domingo, RD

El 16 de agosto de 1982 Salvador Jorge Blanco asume su candidatura como presidente de la República Dominicana por parte del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). La situación económica del país era un tanto parecida a la actual, inflación, alto costo de los productos de básicos y corrupción. 
Para esa época el pueblo no era sumiso y tranquilo, quizás por la falta de medios digitales para expresarse o por la situación de dictadura de la que se venía saliendo y el fervor de defender sus derechos aunque corriera la sangre. 

Para  su segundo año, el 1984, el gobierno firma un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que se tradujo en austeridad e inflación extrema de todos los productos de primera necesidad, los servicios y los combustibles. Esto causó lo que se conoce en la historia dominicana como la “Poblada o Revuelta de 1984”.

Testigo fiel de los hechos
A continuación el periodista Guillermo Pérez, editor del área social e investigación de este diario, cuenta un poco de cómo transcurrieron los días 23, 24 y 25 de abril de aquel año, cuando el pueblo se alzó en contra de las decisiones del Gobierno. 
 “El lunes 23 de abril, específicamente, empezó todo. Ocurre que la gente regresaba de disfrutar el asueto de Semana Santa y lo que encuentra  a su regreso fue una subida tremenda de los artículos de primera necesidad, del combustible… eso fue insoportable, fue todo que subió”, narra al momento que menciona que inmediatamente se dan cuenta de esta situación los moradores de los principales barrios calientes se alzaron en protesta. 

En los archivos documentales de la prensa destaca que en Capotillo fue donde inició la revuelta, extendiéndose rápidamente a los demás barrios de la capital y a las provincias. 
“Antes por la falta de cualquier servicio elemental, como agua por ejemplo, los barrios Capotillo, El Luperón por mencionarte algunos de los más calientes, se iban a las calles, y en medio de aquella situación donde todos los productos de la canasta familiar estaban trepados por las nubes, más la indignación del pueblo porque se aprovechó que estaban en disfrute de Semana Santa y cuando regresan el lunes se encuentran con esto”, describe.  

Comercios cerrados, tránsito paralizado, jóvenes y adultos en las calles y los ánimos más calientes que el sol de las doce, hicieron que aquel 23 de abril se sintiera como si el país completo entrara en guerra contra el Gobierno de turno. 
Incendios, saqueos, muertes, disturbios, heridos, bombas lacrimógenas, tiroteos, el escenario era tenso, terrible y de mucho pesar. 

“A mí me tocó cubrir esos eventos en las calles y yo vi matar gentes, jóvenes asesinados por el gobierno, porque ocurrió que la policía no pudo, te lo digo yo que lo viví y vi la policía huir, el pueblo iba detrás de la policía y los agentes corriendo. Entonces el gobierno de Jorge Blanco lo que hizo fue mandar a los militares para las calles, las tres áreas: el Ejército Nacional, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea; en ese momento le dieron carta abierta y ellos dispararon a matar. Yo vi matar a un joven de un edificio, un marino, le disparó. Ellos disparaban, golpeaban y quitaban a todo el que estaba en el medio”, continua describiendo Pérez. 

"Lo que queremos es la noticia" 

Hay datos que los libros no recogen a menos que los mismos protagonistas decidan contarlas, esto sucede con este colega, quien al preguntársele sobre alguna anécdota particular que recuerde de aquel hecho, narra la siguiente: 

“ A mí me asignaron al fotógrafo Nazario García, para mí uno de los mejores cubriendo este tipo de eventos, y con él recuerdo un momento que uno no puede olvidar así por así, porque son cosas muy extremas que te marcan también como persona. 
En una ocasión nosotros fuimos al Capotillo, entonces Nazario y yo, que no teníamos miedo de penetrar al lugar donde estaban los hechos, entramos al barrio. 
Allí nos atacó un grupo, rompieron el cristal frontal y el lateral del vehículo, y en ese lado estaba sentado Nazario. Inmediatamente el chofer se detiene, pero nosotros queríamos seguir y el mismo chofer nos motivaba a que no, así que él sale y mientras estábamos ahí nos comunicamos por walkie-talkie directamente con el director del medio que laboraba en ese momento, Virgilio Alcántara, el quería hablar con nosotros para saber exactamente lo que ocurría allí. 

Cuando me pregunta que cómo estaba la situación le expliqué lo que había, eso era una revuelta, entonces el director nos preguntó cuál era la actitud de nosotros, y le dijimos: seguir y él dijo: ‘¡Están locos!, no queremos una primera plana con ustedes, lo que queremos es la noticia. 
Nos estaba diciendo que estábamos en riesgo porque no solo eran piedras que se lanzaban, había armas de fuego por todos lados. Había gente que no quería que nadie le penetrara el sector, tú entrabas porque querías hacer el trabajo, pero no era que ellos te iban a bendecir por tú ser periodista, entonces a nosotros nos tocó ese ataque porque fue fuerte, pero obedecimos la orden del director y nos fuimos al periódico, porque nos querían sacar de una muerte segura”, explica Guillermo Pérez.