DESTINO

El Valle de Jiuzhaigou, el oasis de China

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Por Sandra TheumanSanto Domingo

Dicen los chinos que es “el mundo de los cuentos de hadas”. En un país en el que se encuentran algunas de las más pobladas urbes del planeta y donde la fuerte contaminación es parte del día a día de millones de personas, Jiuzhaigou, en el norte de la provincia suroccidental de Sichuan, o “el valle de los nueve pueblos”, según su traducción literal, es una zona montañosa, donde se unen la belleza natural y la riqueza de las costumbres locales, con gran influencia tibetana. Las aguas cristalinas en un centenar de lagos, unas montañas que alcanzan los 4,000 metros y una rica cultura, que se ve plasmada en sus bailes, su gastronomía y su arte, son la mezcla perfecta para atraer a miles de turistas chinos todos los años hasta el Valle de Jiuzhaigou. El otoño es la época del año preferida por los visitantes, ya que es durante esta estación cuando los colores de Jiuzhaigou cobran más fuerza y protagonismo y la agradable temperatura en el valle invita a pasearse entre los bosques del parque natural. El aeropuerto de Huanglong (“El dragón amarillo”), situado a más de 3,500 metros de altura, es la puerta de entrada a Jiuzhaigou, donde las nubes están más bajas que las montañas y el frío, también insistente en verano, es parte constante del ambiente. Oxígeno para reconfortar los cuerposPara el mal de alturas, dolencia frecuente para los que acaban de aterrizar, el aeropuerto está preparado con un cybercafé que sirve porciones de oxígeno para aquellos que necesiten una dosis extra para poner los pulmones en marcha antes de bajar hacia el valle. Jiuzhaigou se encuentra a unos 450 kilómetros al norte de la capital de la provincia, Chengdu, y su nombre remite a los nueve pueblos tibetanos que originalmente habitaban la región, que cubre unos 600 kilómetros cuadrados. Sorprendentemente, las carreteras que unen el aeropuerto con el valle y los pequeños poblados de la zona están en perfecto estado, aunque las cerradas curvas exigen la atención completa del conductor durante todo el trayecto, por el que, además, es frecuente ver a los campesinos locales llevando sus animales. Toda la zona está muy preparada para el turismo: hoteles, pensiones, teatros para especáculos de danza tradicional y un centenar de restaurantes están listos para recibir a todo tipo de turistas y para todo tipo de presupuesto, desde los más aventureros hasta aquellos que van buscando lujo y descanso en las montañas. Después de un paseo por la orilla del río Bai y la famosa calle Bian Bian, donde muchos restaurantes y pequeños puestos de recuerdos se han instalado para atraer a los turistas, el visitante puede seguir hasta la entrada del parque natural de Jiuzhaigou, principal atracción del valle y puerta de entrada para “el mundo de los cuentos de hadas”. Una vez dentro del parque, después de pagar la entrada de 220 yuanes (unos 29 dólares o 20 euros) -bastante cara para un turista chino, además de los 90 yuanes de tasas si se quiere entrar con el coche- el visitante tiene una variedad de rutas para elegir, desde senderos señalados entre el bosque hasta una ruta indicada para subir en coche o autobús hasta las partes más elevadas de la zona. Varios días para recorrerloLos principales puntos de interés, son, por ejemplo, el Lago de las Cinco Flores, a 2,500 metros de altitud y con un agua cristalina que refleja un centenar de tonos de azul y verde o, para aquél que tenga más suerte, avistar un panda, uno de los privilegiados inquilinos de la zona, en su hábitat natural. Con una mezcla muy variada de flora y fauna, hacen falta varios días para recorrerse el valle de Jiuzhaigou y poder disfrutar, además de la belleza natural, de la rica cultura de la región. Debido a su proximidad con el Tíbet, la gastronomía y el folclore de Jiuzhaigou son otras de las grandes atracciones de la zona, y vale la pena degustar más de uno de los típicos restaurantes y disfrutar de los espectáculos de baile e instrumentos tradicionales. Con todo, se ven pocos turistas internacionales por la zona. Jiuzhaigou sigue siendo uno de los destinos más deseados por los visitantes chinos, pero aún es un desconocido en el extranjero. Son pocos los aventureros foráneos que se atreven a salir de la trillada ruta Pekín-Shanghai-Xiían para adentrarse en la China menos explorada y descubrir pequeños enclaves como el valle de los nueve pueblos tibetanos. No obstante, el Gobierno local ha reforzado en los últimos años las campañas para atraer al público internacional a su región a través de foros, festivales y turismo o una serie de actividades culturales relacionadas con el Tíbet. Recientemente, un concurso de belleza internacional, en el que participaron más de 50 misses de todo el mundo, atrajo centenares de turistas a uno de los pequeños poblados de la zona, donde los lugareños se vieron abrumados con tanta belleza exótica entre los impresionantes colores de Jiuzhaigou.

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