VÍA ÍNTIMA

Pérdida y duelo

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Por Patricia FranjulSanto Domingo

Cuando perdemos algo que es sumamente importante para nosotros, es natural que reaccionemos con sentimientos de dolor y mucho sufrimiento, ya que hemos hecho una gran inversión emocional en una persona, un proyecto, un sueño o una posesión. Cualquier pérdida significativa trae consigo una serie de reacciones, las cuales quiero discutir hoy para que aprendamos a reconocerlas y atravesar el proceso con mayor facilidad. Recientemente el país se ha visto sacudido por los efectos de la tormenta Noel, la cual dejó a su paso mucha destrucción, pero también a muchas personas que necesitan apoyo emocional para poder continuar con sus vidas a pesar del trauma que han vivido. Del mismo modo, quien ha perdido a un ser querido va a experimentar, aunque no sea en el mismo orden, las siguientes etapas que la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, describe en su libro “On death and dying” (Macmillan, 1993). La primera es negación. Sorprendida y en shock, la persona que sufre una pérdida o se rehúsa a aceptar lo que ocurrió o simplemente no puede creerlo. El primer pensamiento que pasa por su mente puede ser: ¡Esto no está pasando! ¡Esto no es real! No hay nada de malo en esto, pues un breve período de negación nos protege mental y emocionalmente, para poder sobrepasar la sorpresa y ajustarnos al hecho de que realmente ha ocurrido una pérdida. Luego viene un estado de rabia, que es proyectada hacia fuera o hacia alguien que no es uno mismo. Puede ser hacia la persona que murió, si fue por un descuido podemos pensar: ¿Por qué no fue más cuidadosa? O hacia el culpable del accidente, por ejemplo en el caso de un conductor borracho. También puede ser dirigida hacia Dios, por permitir que la desgracia ocurriera. Proyectar la ira hacia los demás es otro mecanismo de enfrentar el dolor, pero si permitimos que la rabia se anide en nuestro corazón, se convierte en amargura, un veneno emocional que destruye el alma. Es necesario enfrentar el sentimiento de rabia, aceptarlo y continuar con el proceso de duelo. CulpaLa siguiente etapa es la Depresión, en este punto la rabia que antes se dirigía hacia fuera, se torna hacia uno mismo. La persona se siente culpable por estar molesta con Dios o con otros, siente que hubo cosas que pudo haber hecho y no hizo, por lo tanto se lamenta. Pensamientos tales como: “Me hubiese gustado haberle dicho te amo más veces” o “Yo hubiese deseado darle un beso de despedida esa mañana”, son frecuentes. El duelo tiende a distorsionar la percepción y cuando el pensamiento está afectado es fácil sentir una falsa culpa, por cosas que realmente no podía evitar o que no estaban en sus manos. Por ejemplo, en el caso de un padre que pierde un hijo por una enfermedad, puede cuestionarse: ¿Por qué Dios se ha llevado a mi hijo? ¿Qué pecado tan grande yo he cometido? Es importante que entendamos que cuando Dios se lleva a uno de nuestros seres queridos no lo hace para castigar a nadie, sino que las enfermedades y la muerte son parte de la vida en un mundo que no es perfecto y que no ocurren por culpa de los pecados que comenten los que sobreviven. Si lo pensamos con calma, uno se debe preguntar: ¿Un Dios de amor sería capaz de castigar a un niño inocente por los pecados que cometió alguien más? Y la respuesta es: Por supuesto que NO! Tomar la responsabilidad por la muerte de otra persona, cuando no hemos tenido nada que ver en eso es pensar solamente centrado en uno y tomar falsa culpa. DepresiónIndependientemente de si la culpa que sentimos es real o falsa, es una forma de dirigir la rabia hacia dentro de uno mismo. Cuando esto pasa nos deprimimos, pero es un sentimiento temporal, que forma parte normal del proceso de duelo. Esto trae consigo muchos de los síntomas de la depresión clínica: patrones alterados del sueño, disminución del apetito, desmotivación, llanto, sentimientos de desesperanza y reacciones físicas. Si la persona no resuelve su culpa y no aprende a perdonarse a sí misma, puede sentirse estancada en el proceso de duelo y no saber cómo continuar para manejar su pérdida. En este caso la depresión podría volverse permanente. Lo notamos si con el paso de los meses el individuo no ha progresado retomando sus relaciones con familiares y amigos, llenando su vida de actividades y mejorando su estado de ánimo. Si permanece paralizado, llevando una vida no funcional, puede estar entrando en una depresión clínica y necesita ser tratado por un psiquiatra. Si alguien que usted conoce muestra signos de depresión, motívelo a realizarse una evaluación médica. Y esté alerta si evidencia pensamientos suicidas con declaraciones como: “Todo el mundo estaría mejor sin mí” o “Yo sólo estoy en el medio del camino”. Esté alerta y hablele con calma, sin intención de juzgar sino de ser empático y comprender su situación. Pero si nota que tiene planes de suicidarse tome acción, quitando elementos peligrosos de su alcance y localizando a un profesional que pueda evitar esa acción. SúplicaGeneralmente esta etapa ocurre cuando estamos cerca de perder la persona o posesión querida, con pensamientos como: “Dios mío si remueves este cáncer yo haré lo que tú quieras” Pero también la súplica se observa en personas que ya han enfrentado su pérdida y piensan: ¿Dios qué tengo que hacer para liberarme de este sufrimiento? Cómo puedo continuar así? Si te llevas mi depresión haré lo que sea! La tristeza es normal cuando dejamos ir algo amado. Está claro que la situación ya no va a cambiar, así que debemos continuar. Una vez que esta realidad es aceptada, la persona se sumerge en la tristeza, que no es igual a la depresión pues ya no hay culpa ni rabia. La tristeza se maneja con lágrimas y recordando al observar viejas fotografías y videos. Con el tiempo, al mirar atrás, la persona puede hasta llegar a sonreír al recordar buenos momentos y se da cuenta de que tiene muchos buenos recuerdos que atesorar. Hay pena, pero es una pena con la cual se puede vivir. PerdonarLa meta final del proceso de duelo nos lleva a perdonar y a entender que todo forma parte del proceso de la vida. Esto nos ayuda a aceptar la nueva realidad y a tomar decisiones para seguir adelante. No quiere decir que ya nunca más vamos a volver atrás. A medida que avanzamos en el proceso de duelo y alcanzamos la paz emocional, los sentimientos de dolor ocuparán cada vez menos espacio en nuestra mente y corazón. No todo el mundo llega hasta el punto de perdonar, algunos se quedan estancados en la etapa de rabia, incapaces de perdonar a Dios por su pérdida, se sumergen en un estado de amargura del cual nunca se recuperan. Otros se quedan estancados en la depresión. Por eso es necesario contar con una familia y amistades que ofrezcan soporte y cuidados en los momentos difíciles y en ocasiones es vital la ayuda de los terapeutas y profesionales de la salud. Cualquier pérdida es significativa cuando hemos hecho una inversión emocional en ello, ya sea un ser querido, la perdida de la salud, de un puesto de trabajo, de una buena reputación, de una relación significativa o de los bienes materiales que se han acumulado a través del esfuerzo. Por lo tanto, si te sientes triste o estancado/a busca consuelo a través de una oración, si tienes fe; hablando con un grupo de soporte, conversando con un terapeuta o con alguien a quien sientas cercano a ti, que pueda ser empático con tus sentimientos. También puedes escribirme a viaintima@listindiario.com si necesitas más información sobre cualquiera de estos aspectos.

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