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Religión/Senderos sábado, 10 de julio de 2021

ÁNIMO EN DOS MINUTOS

Yo no sirvo para eso

  • Yo no sirvo para eso

    El sentido de toda amistad y de toda comunidad está en acompañarse, animarse, alentarse, amarse y servirse de apoyo. ISTOCK 

Luis García Dubus
Santo Domingo, RD

“¡Déjenme quieto, yo no sirvo para eso! ¡Soy empleado, comprometido con mi trabajo...!”. Eso respondió cuando lo invitaron a formar parte de una comunidad.

Luego, accedió a ir un día.  Allí se encontró con otros iguales a él: “¡Yo soy ingeniero!” “¡Soy médico!”  “¡Soy abogado!” “¡Soy ama de casa!”  “¡Tengo una pequeña empresa, y trabajo todo el día!”

Sin embargo, desde hace años ya, todos están allí, alrededor de alguien a quien no ven, y recibiendo mucho más de lo que se supone que estén dando.      

En la primera lectura de la misa aparece un hombre llamado Amós diciendo lo mismo: “No soy profeta, ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos”. Pero luego añade: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo.”

Y Amós obedeció y empezó a repartir esperanza. Igual que el ingeniero, el médico, el abogado, el ama de casa, el empleado y todos los del ejemplo con el que comenzamos.

Ni Amós ni ellos son profetas ni hijos de profetas, pero no se han negado cuando Dios los ha invitado a acercarse a Él, y a dejarse utilizar por Él, aun sin ellos estar preparados, porque Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los que elige.

Los conozco a todos, menos a Amós. De ellos puedo decir con inmensa alegría que su existencia entera se ha convertido gradualmente en un signo de que el Reino de Dios ya está entre nosotros.

No es lo que puedan “decir”, es su vida misma lo que anuncia constantemente una presencia que la ha invadido, enriqueciéndola grandemente con dignidad, con esperanza, con fortaleza, con paz y alegría sobrenaturales.

En conclusión:

1 – La misión uno no la elige. El discípulo no asume la tarea del Reino como una causa que le convence, sino en obediencia de fe.  Su existencia entera.

2 – La misión es buena noticia. El Reino es la noticia de la presencia del amor absoluto, del verdadero, del incondicional, del gratis... del único amor digno de llamarse amor.

3 – La palabra nace de la abundancia del corazón. Lo que hemos recibido gratis, llenos de agradecimiento lo compartimos con alegría.

Eso es la Iglesia: no sólo el papa, los obispos y los presbíteros, somos todo el pueblo de Dios en medio del mundo, pidiendo y permitiendo que “venga a nosotros su Reino”.

 

La pregunta de hoy

¿Por qué los envía el Señor de dos en dos?

Aquí está el sentido de toda amistad y de toda comunidad, acompañarse, animarse, alentarse, amarse y servirse de apoyo.

 “¡Ay del que va solo, que, si cae, no tiene quien lo levante!”, pero “donde hay amor, ahí está Dios”.