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Religión/Senderos sábado, 01 de mayo de 2021

¿QUIÉN EDUCA AL PUEBLO?

“Donde hay perdón, sobreabunda la gracia”

  • “Donde hay perdón, sobreabunda la gracia”
Maruchi R. de Elmúdesi
Santo Domingo, RD

Al cristiano se le conoce por sus actitudes ante la vida. Y lo más difícil para un cristiano es el perdonar a sus enemigos. Por eso el Señor lo puso como uno de sus mandamientos. Porque para lograr eso tiene que ser ayudado por el Espíritu Santo. Solos no podemos hacerlo.

Muchas veces es fácil decirlo, pero lograrlo, no todos lo hacen. Yo tuve una experiencia, en mi vida hace ya mucho tiempo, y gracias a Dios perdoné. Porque no soy rencorosa. Y eso es un valor. Y le doy gracias a Dios por eso. Hay personas a las que les cuesta perdonar, y deben pedir sanación. Porque el que no perdona es el que vive con angustia, desasosiego, con odio y rencor. Su corazón no está en paz, y es el que sufre. La persona a la que odia, ni se entera, y está tranquila. Solamente por eso debemos pensar bien y ponernos en la mano de Dios, que para Él, nada hay imposible.

Hoy en día estamos viviendo un ambiente que no es de paz, de seguridad, y debemos permanecer tranquilos porque tenemos a “Aquel que todo lo transforma, todo lo perdona, todo lo perfecciona”. Hay familias que no perdonan, hay otras que sí, y muchas veces es ambiente cultural y religioso. 

En la caminata “Un paso por mi familia” se nos pidió que “fortalecidos por la eucaristía, salvemos las dos vidas”. Es a la persona a la que hay que salvar. Sea del tamaño que sea. Incluso está dentro de nuestra Constitución en el artículo 8, acápite 1, donde habla de la Inviolabilidad de la Vida. Lo que pasa muchas veces es que algunas personas no reconocen a un feto como una persona. Y por más pequeña que sea una persona tiene los mismos derechos.

Cuando yo tenía 43 años, salí embarazada por sexta vez. Muchos me decían: “Pero, ¿tú vas a tener ese hijo? Hay muchas probabilidades de que no sea normal”. No les digo que no estaba un poco asustada, pero me puse en las manos del Señor. Toda la capital estaba rezando por mí, los grupos de oración, gente que no me conocía, etc. Pero, gracias al Señor, nació la niña, una niña preciosa y completamente sana. Y es que para Dios no hay nada imposible. Lo que falta en nuestra sociedad es mucha oración, y mucha humildad, para reconocernos hijos y no personas orgullosas que quieren resolver las cosas por sí solas y sin ayuda del Señor. Yo le doy gracias a Dios cada día por sentirme privilegiada de Su amor, todos los días de mi vida. ¡Amén!


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