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Religión/Senderos sábado, 20 de febrero de 2021

MENSAJE

Hoy, más que nunca, escuchar al Señor

  • Hoy, más que nunca, escuchar al Señor

    El Señor te habla para ofrecerte algo muy valioso: Fue algo que él llamó el don de Dios. ISTOCK

Luis García Dubus
Santo Domingo, RD

Magalys había oído hablar de Dios, pero no le importaba. Ella sólo estaba interesada en ella misma, en su belleza... y en su amante. Sin embargo, un día ella percibió una voz cariñosa que le hablaba desde dentro como un padre, y empezó a comprender que no sólo estaba desperdiciando su vida, sino perdiéndose de algo mucho mejor...

El caso de Hugo es distinto. Él había pensado alguna vez en acercarse a Dios, pero tenía que reconocer que no se lo merecía. Su vida había sido un desastre. Nadie, ni siquiera él mismo, se consideraba como “una persona decente.” Y, un día, también Hugo escuchó a Dios.

Conozco bien tanto a Magalys como a Hugo. Lo de ella comenzó hace unos veinte años, lo de él hará unos diez o doce. A ambos les pasó lo mismo: en un momento singular de su vida, percibieron la voz cariñosa de un Padre que hasta entonces no conocían.

Desde aquel día, nunca más han dejado de escuchar a Dios en el silencio. Y esas conversaciones han dado fruto. Tanto uno como el otro llaman la atención por su alegría, por su integridad y por su compasión. Estos dos casos no son únicos. A mucha gente le ha pasado lo mismo. Precisamente el evangelio de este domingo (Juan 4,5- 42) nos narra un caso muy parecido: el Señor estaba descansando de una larga caminata, sentado junto a un pozo, y llegó una mujer.

Ella no le habló, y él, por su parte, no se suponía que le hablara. ¿Por qué? Porque aquella mujer era samaritana. Y los samaritanos y los judíos tenían una enemistad desde hacía siglos. Luego, ella era una enemiga. En segundo lugar, él era un Rabino, y la conversación entre un Rabino y una mujer era considerada no recomendable. Y, por último, aquella mujer no se merecía que el Señor le hablara. Dicho en buen “dominicano”, ella era una vagabunda. Sin embargo, la realidad fue que el Señor le pasó por arriba a todo eso, y le habló.

Le habló para pedirle algo muy fácil: que le diera agua. Y le habló para ofrecerle algo muy valioso: Fue algo que él llamó EL DON DE DIOS.

Y la mujer entendió que eso era para ella más importante que ninguna otra cosa, porque le garantizaría la felicidad que ella buscaba.

Ahora quisiera preguntarle algo: Si el Señor le habló a la Samaritana hace 2000 años, a Magalys hace 20 y a Hugo hace 10, ¿se le ocurre a usted alguna razón por la que no querrá hablar con usted hoy...? Si el gelio de este domingo (Juan 4,5- 42) nos narra un caso muy parecido: el Señor estaba descansando de una larga caminata, sentado junto a un pozo, y llegó una mujer.

Ella no le habló, y él, por su parte, no se suponía que le hablara. ¿Por qué? Porque aquella mujer era samaritana. Y los samaritanos y los judíos tenían una enemistad desde hacía siglos. Luego, ella era una enemiga. En segundo lugar, él era un Rabino, y la conversación entre un Rabino y una mujer era considerada no recomendable.

Y, por último, aquella mujer no se merecía que el Señor le hablara. Dicho en buen “dominicano”, ella era una vagabunda. Sin embargo, la realidad fue que el Señor le pasó por arriba a todo eso, y le habló.

Le habló para pedirle algo muy fácil: que le diera agua. Y le habló para ofrecerle algo muy valioso: Fue algo que él llamó EL DON DE DIOS.

Y la mujer entendió que eso era para ella más importante que ninguna otra cosa, porque le garantizaría la felicidad que ella buscaba.

Ahora quisiera preguntarle algo: Si el Señor le habló a la Samaritana hace 2000 años, a Magalys hace 20 y a Hugo hace 10, ¿se le ocurre a usted alguna razón por la que no querrá hablar con usted hoy...? Si el Señor está vivo y no ha cambiado su forma de ser.

 


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