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Religión/Senderos sábado, 22 de febrero de 2020

Dos minutos

La ola, la roca y la playa

  • La ola, la roca y la playa
Luis García Dubus
Santo Domingo, RD

 Las olas de nues­tro mar Caribe, embravecidas por el viento a favor, se estre­llan contra la resistencia fir­me que le ofrecen las rocas de nuestro litoral.

No muy lejos de aquel si­tio en el malecón, hay una pequeña playa, donde tam­bién vienen a parar olas embravecidas. Pero allí el efecto de las olas es muy di­ferente.

La playa no ofrece la fir­me resistencia de la roca, al contrario, parece aco­gerla, aceptándola como algo natural. El resultado es que no hay choque y a ola se vence en la suavi­dad de la arena, retirán­dose luego con una espu­ma que parece una sonrisa amistosa.

¿A qué viene todo esto? ¿Es que hemos cambiado el tema en estos “Dos Minu­tos”? No. Lo que sucede es que en el evangelio de este  domingo (Mateo 5, 38-48) aparece esta frase:

“No hagan frente a los que los ofende”

Y se nos ha ocurrido que podríamos pensar qué so­mos, y qué queremos ser:

Si olas, que, embraveci­das por el viento de nues­tros propios problemas personales, pronunciamos frecuentemente palabras duras y actuamos agresiva­mente...

Si rocas, que ofrecemos resistencia firme a quienes nos agreden, y vivimos bu­fando...

O si playas, que sabemos aceptar como algo inevita­ble y natural que en ocasio­nes alguien sea agresivo, y en vez responder de igual forma, escuchamos al Se­ñor y “no le hacemos fren­te”.

Creo que el Señor nos dice hoy que la actitud de la roca, “ojo por ojo y dien­te por diente”,

es algo que con la po­tencia de su ayuda pode­mos superar. Nos asegura que podemos conquistar el equilibrio, el dominio, la paz y sobre todo la liber­tad de la playa.

LA PREGUNTA DE HOY
¿Por qué sólo la playa es libre?

La ola no es libre; está impulsada, manejada y do­minada por el viento de sus propias emociones, las cua­les no puede controlar. La ola es esclava de su imagen, de su aparente dominio, de su falso yo.

La roca, por su parte, es esclava de la ola. Ella sólo sabe oponerse, juzgar, cri­ticar y condenar. Es escla­va de su pesimismo, y su propia actitud de derrotis­mo la inmoviliza y la con­dena. Ella es una esclava de otras esclavas, que son las olas.

Sólo la playa es libre, Sí. Sólo la playa tiene paz, es compasiva, como lo es su Pa­dre. Sólo la playa “es hija del Altísimo, que es bueno con los ingratos y pecadores”.

(Lucas 6, 35)

Esa es la buena noticia de hoy. Nosotros con la ayuda del Señor Jesús, quien dio ejemplo de cómo ser playa, podemos obtener la libertad de los hijos de Dios, y en medio de olas agrediendo, y de rocas criticando, podemos ser sembradores de paz.


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