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Religión/Senderos sábado, 02 de noviembre de 2019

Dos Minutos

La lección de humildad

  • La lección de humildad

    Jesús fue maestro de todas las virtudes, y ejemplo supremo de humildad. ISTOCK

Luis García Dubus
Santo Domingo, RD

“Mi religión consiste en una humilde admiración por un espíritu ilimitadamente superior, que se revela a sí mismo en detalles sin importancia, que nuestras débiles y frágiles mentes pueden ‘percibir’”. Albert Einstein

Einstein, considerado un ser dotado de una mente superior, considera humildemente tener una mente “débil y frágil” que apenas puede percibir las manifestaciones de Dios, que se revela a sí mismo “en detalles sin importancia”.

Creo que esta frase de un hombre sabio me habla de la humildad como una virtud excelente.

El Señor Jesús pone énfasis en ello (Lucas 18, 9-14) al hablar de un pedante y un humilde que fueron al templo a orar, diciendo que sólo el humilde oró, mientras el otro lo que hizo fue celebrarse a sí mismo considerándose superior al primero por cumplir la ley judía a la perfección.

¿Es acaso esto (cumplir la ley a la perfección) lo que significa ser un buen cristiano?

Creo que este es el enfoque equivocado que tiene a Dios como un ser exigente y despótico, que está al acecho de cualquier fallo nuestro para castigarnos.  “Dios te está mirando” era una frase amenazante, en vez de consoladora, sabiendo que estamos bajo su amorosa mirada cuidándonos con sumo cariño, como hace una madre con un hijo pequeño.

“Aprendan de mí - dice Jesucristo- que soy sencillo y humilde de corazón, y hallarán descanso para su vida”.

Dice San Agustín: “De todas las virtudes fue maestro, pero especialmente de la humildad: esta quiso principalmente que aprendiéramos de Él”.

Hubo una gran Santa, declarada Doctora de la Iglesia, que descubrió lo que ella llamó un nuevo camino: “Bien corto, bien derecho, un camino totalmente nuevo”.

Y ese camino es el de la humildad, la pequeñez ante Dios.  Y afirmó un descubrimiento que el mismo Dios le reveló: “La vida del alma consiste en el abandono, no en la conquista”.

Pasamos la vida tratando de ser admirados, aplaudidos y respetados.  Y, sin embargo, mientras más importantes seamos para el mundo, menos lo seremos para Dios, y mientras más éxito exterior tengamos, más vacío estará nuestro interior y más esclavos seremos de lo que piensan los demás.


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