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Religión/Senderos domingo, 20 de enero de 2019
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DOS MINUTOS

Espiritual

  • Espiritual
Luis García Dubus
Santo Domingo

Un psiquiatra declaró en una entrevista televisada: “Si la gente tuviera una saludable relación con Dios, yo no tendría trabajo”. Fíjese en que él dijo “saludable”. ¡Cuánto más valiosa será una relación amorosa!

Verdaderamente, no hay nada más apetecible en la vida que tener salud espiritual. Nada puede darnos más felicidad que esto. Pero, ¿cómo se consigue?

 Esta envidiable situación de salud espiritual es producto de una sola cosa: una amorosa relación con Dios.

 Mire amigo, la peor situación en que puede encontrarse una persona, es estar alejada de Dios. Esto está comprobado incluso científicamente, tal como dijo el psiquiatra.

 En el conocido diario The New York Times salió hace un tiempo publicado este párrafo:

 “Los nuevos estudios indican contundentemente que casi todas las enfermedades que pueden afectar el cuerpo humano- desde el catarro hasta el cáncer y las enfermedades cardíacas- son afectadas positiva o negativamente por la situación interior del paciente”.

 A mí me parece sumamente interesante que todos los resultados que “nuevos estudios” pueden arrojar, ya estaban revelados en el evangelio.

 En el de hoy (Marcos 2,1-12) cuatro hombres traen al Señor un paralítico acostado en su camilla. Ellos querían que el Señor lo sanara de su enfermedad física, pero su respuesta fue sanarlo de su enfermedad espiritual. “Hijo mío,” dijo al paralítico, “tus pecados te son perdonados”.

 Es decir, lo liberó de su culpa, lo curó interiormente, le concedió paz interior, salud espiritual.

 Esto era mucho más difícil que curarlo de la parálisis, y, desde luego, muchísimo más importante. En adelante, ese pobre hombre podría establecer una amorosa relación con Dios, e ir consolidando y fortaleciendo día a día su más valiosa posesión, la salud espiritual.

 El Señor expresó con claridad que conceder esta salud es más difícil cuando, ante la dudas de los presentes, añadió: “¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o levántate, toma tu camilla y anda? Y luego dijo al paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a casa”.

 Y el paralítico quedó también curado físicamente para el asombro de todos, quienes decían: “Nunca hemos visto nada parecido” (Marcos 2,12). La separación entre el hombre y Dios es la raíz de todo sufrimiento.

 En cambio, la persona que se cobija bajo la entrañable compasión de Dios (quien es siempre el primero en amarla) y acoge su perdón, termina estableciendo una amorosa relación con Él.

 El resultado será recibir el preciado don de la salud espiritual, lo cual tendrá como consecuencia natural una mejoría, tanto en el orden mental como en el físico.

 Jesucristo es el único que puede sanar el interior, además de poder, también quiere hacerlo y si usted se lo pide, Él lo hace.

 Esa es la Buena Noticia de Hoy

“El conocimiento auténtico del Dios de la misericordia, de ese Dios de amor tierno, es una fuente constante e inagotable de conversión.

Y esta conversión no sólo es un acto interior momentáneo, sino también una nueva actitud, como un estado permanente de la mente”.

San Juan Pablo II
La pregunta de hoy

¿CÓMO ENCUENTRA UNO A JESÚS?

 Si usted lo busca, lo encuentra. Seguro.  

¿Por qué?
Porque antes de que usted empezara a buscarlo, ya Él lo estaba buscando a usted.
San Juan Pablo II

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