DOS MINUTOS

No deje que le metan miedo

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Luis García DubusSanto Domingo

SANTO DOMINGO.- Escribiendo esto me llamó una amiga y me informó que en el colegio donde trabaja había muchos niños diciendo que la desastrosa tormenta Noel había sido un castigo de Dios para nuestro país. ¿Usted sabe lo que es eso? ¿Quién ha dicho a niños ese tremendo disparate? Seguramente son personas con miedo, comunicando su miedo a otros, acusando a Dios de que Él tiene la culpa de que haya gente pobre que viva en situaciones de miseria. Permítame darle otro ejemplo de miedo: “Tenga señor”, me dijo un hombre de mediana edad con quien me crucé, y añadió: “Sólo hay un salvador”. “Gracias”, le alcancé a decir mientras tomaba el papelito que me pasó. Por si acaso a usted le sirve de algo, le diré que lo primero que ví en el dicho papelito fue el retrato de un carro fúnebre con una corona de flores encima. Como pie de foto dice: “No esperes que la funeraria te lleve a la iglesia”. Estos dos ejemplos me recordaron mi niñez. En aquella época le metían a uno miedo con Dios. “Dios te va a castigar”, decían. “Dios te está mirando, pórtate bien”. Todas estas expresiones crearon en mi mente infantil una imagen de Dios que me ha hecho mucho daño. No sé a usted, pero a mí el miedo a Dios no me motiva a acercarme a Él, más bien quisiera ponerme lo más lejos posible. Desde luego, no tengo nada en contra de quienes me comunicaron ese miedo, ni tampoco del señor que me pasó esta mañana el papelito con el carro fúnebre, ya que sé que lo hicieron con la mejor intención del mundo. Sólo me da pena que los hombres, en nuestra ignorancia, presentemos la imagen de un Dios que amenaza y castiga, en vez del Padre tierno y compasivo que nos reveló Jesucristo. El evangelio de hoy (Lucas 21, 5-19) se presta a ser interpretado desde dos posiciones: La del miedo y la del amor. El Señor revela el proceso del fin del mundo y le preguntan: “Maestro, y ¿cuándo va a ocurrir eso? Y, ¿cuál será la señal de que está para suceder?” (Lucas 21,7). Esta es una pregunta que surge del miedo. Miedo ante la vida, y falta de confianza en el destino que tiene para nosotros el Dios verdadero, el Dios Padre lleno de compasión, y no de venganza. Esta interpretación desde el miedo es para mí un ultraje y una injuria a Dios. Si nuestro mundo estuviera organizado según su Palabra, habría pobreza, sí, pero no miseria extrema como la de estos desdichados hermanos nuestros cuyas casas se les caen encima. ¿Cómo echarle la culpa a Dios, si al organizar la sociedad no hacemos caso de lo que dice, creando fuentes de empleo, dando educación y compartiendo justamente los bienes...? El fin del mundo no es un suceso repentino. De hecho, ya ha comenzado. Terribles guerras entre naciones, desastres naturales en todo el mundo, calentamiento global... Sólo hay que abrir el periódico para enterarse de que ya todo eso está pasando. Y el Señor nos dice hoy que no tengamos miedo a este mundo rebelado contra valores de lo justo y de lo santo. Que estemos tranquilos. Que precisamente en medio de ese mundo de violencia cuyos valores son la riqueza y el poder por encima de Dios, nuestra vida constituya en sí misma un testimonio de la verdad de Jesucristo. Porque sabemos que el evangelio nos asegura que sólo en Jesucristo encontramos la firmeza sólida (y la victoria) de la vida. “No se perderá ni un solo cabello de su cabeza; con su constancia conseguirán la vida”, asegura el Señor hoy con toda claridad. No deje que le metan miedo hablándole mal de Dios. Nuestra vida no se basa en una amenaza: se sustenta en una promesa. Nosotros vivimos movidos por la confianza, y - ya sea con luz o en medio de la oscuridad- caminamos seguros hacia la vida bajo la dirección y la protección de un Padre amoroso.

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