Enfoque
A un año del Jet Set
Lo más sensato es declarar ese terreno de utilidad pública para un memorial.
De pie frente a las ruinas, madres, hijos y hermanos mitigan el dolor frente al terreno en donde todavía se puede ver las ruinas de una tragedia que ha enlutado por siempre a los familiares de las 236 víctimas que murieron debajo de los escombros de la discoteca Jet Set.
Cuando el reloj marque las 12:00 de la noche de este 8 de abril, la República Dominicana cumplirá un año de la noche más oscura en la historia de la música y el entretenimiento del país.
El techo de la discoteca Jet Set se desplomó cobrando la vida de 236 personas, y mientras los escombros fueron retirados hace meses, el dolor de las familias no ha hecho más que solidificarse, encontrando cada mes un mismo punto de encuentro: la acera frente al vacío que dejó la estructura.
Cada 8 de mes, sin falta, un grupo de sobrevivientes y dolientes se congrega en frente a las ruinas de lo que quedó de la discoteca. No hay vallas, ni mantas térmicas, ni personal de emergencia esta vez. Solo hay flores, velas y el murmullo de oraciones que intentan llegar al cielo.
De pie, frente a las ruinas silenciosas de lo que fue un templo de la felicidad, los familiares honran a sus víctimas en una peregrinación cívica que la sociedad mira, pero que las instituciones aún no han sabido cobijar.
En lo personal, como hermano de una de las víctimas, no pido lujos, pido dignidad. La lucha por un memorial es mi principal reclamo, es que el suelo donde aún reposan los restos simbólicos de la tragedia sea declarado de utilidad pública —lo que en términos legales se conoce como “Eminent Domain”— para detener cualquier interés comercial y construir un memorial.
Las familias no solo buscan una placa. Exigen un espacio sagrado, un lugar físico al que puedan acudir en cualquier momento de necesidad espiritual para sentirse cerca de los suyos. Un parque, una capilla ecuménica o un muro con los nombres de los 236 fallecidos, permitiría que hijos, padres, hermanos y madres tengan un altar permanente donde llevar una flor en un cumpleaños, donde llorar una ausencia en silencio o donde simplemente sentarse a conversar con quienes ya no están.
El viacrucis judicial y la sombra del olvido a un año de la tragedia, el paso de la justicia ha sido tan lento como devastador. No es solo la nostalgia, es la certeza de que la muerte de 236 personas pudo haberse evitado, y la frustración de que, un año después, la negligencia no solo mató, sino que también ha sido perdonada por el paso del tiempo y la inacción.
Este 8 de abril, las velas volverán a encenderse. Los familiares han solicitado a las autoridades, incluyendo la alcaldía del Distrito Nacional, el cierre de la calle para realizar una conmemoración masiva.
Pero lo que realmente piden no es solo un evento. Piden que el Estado dé el primer paso para sanar la herida: declarar ese suelo como tierra sagrada, para que el Jet Set no sea solo un recuerdo de una tragedia, sino un eterno recordatorio de la vida y un santuario para el amor que no muere.

