MIRANDO POR EL RETROVISOR
Vivir
Hace 14 años asistí al sepelio de un amigo en el sector Villas Agrícolas de la capital. Antes de fallecer, pidió que en su cortejo fúnebre sonara la canción “Vivir”, interpretada por el cantante español Julio Iglesias, incluida en su álbum “A flor de piel”, lanzado en 1974.
Había escuchado el tema musical antes, grabado también en inglés por la cantante estadounidense Donna Hightower, bajo el título “I need”, pero no había reparado tanto en sus letras hasta ese día.
Algunos versos de la canción dicen: “Por cada invierno frío, en tu jardín sombrío, hay una primavera que esperar”, “Ya ves que todo pasa, que siempre hay un mañana, que no vale la pena abandonar”, “Que siempre hay una puerta abierta a la esperanza, que siempre hay un camino por andar”.
Me enteré por allegados que el apreciado amigo había pedido esa canción para su despedida porque dijo que definía su vida.
Un verso de la canción “Vivir” dice: “Por cada invierno frío, en tu jardín sombrío, hay una primavera que esperar”.
A partir de ese momento, pongo mucha atención a las letras de las canciones. Incluso, cuando son en otro idioma, busco primero la traducción antes de tararearlas. Así evito incurrir en la apología de contenidos con los que no comulgue.
Hasta en el cine, estoy también muy pendiente de los diálogos de los actores. En ellos he descubierto reflexiones que me han marcado para toda la vida.
Y hablando de cine, precisamente la semana pasada tuve una experiencia aleccionadora con el discurso pronunciado por el actor Harrison Ford, de 83 años, durante la 32.ª edición anual de los premios “Actor Awards 2026” (Premios del Actor 2026), realizada en Shrine Auditorium de Los Ángeles, Estados Unidos, donde fue reconocido por su trayectoria en el llamado séptimo arte.
Fue un discurso de unos ocho minutos, emotivo, nostálgico, reflexivo y cargado de humor, en el que Ford agradeció a personas claves y a su familia por el éxito alcanzado.
De la reflexión para resumir su dilatada trayectoria como actor en tan poco tiempo, una frase me llamó la atención: “En nuestro negocio (el cine) es difícil entrar, en mi caso ha sido difícil salir”.
En nuestras vidas siempre habrá una puerta abierta a la esperanza.
¿Por qué le ha sido tan difícil salir? Confesó que en una etapa de su vida en que se encontraba sin rumbo, halló su real vocación en la narración de historias y una identidad al fingir ser otras personas.
Al escuchar a Ford, medité que ciertamente, sin importar los sinsabores iniciales, entrar siempre será menos traumático que salir.
Les pasa a actores como él, cantantes, deportistas, políticos y profesionales de diversas áreas, incluidos nosotros los comunicadores. He escuchado a algunos colegas decir que el periodista muere en el ejercicio. Es válido si estás en lo que te apasiona y, sin importar la edad, sientes que aún puedes aportar o lograr metas.
Pero el actor estadounidense me puso a pensar si quizás en algunos aspectos de nuestras vidas, se nos hace difícil salir porque no meditamos con más detenimiento en las consecuencias de entrar.
Creo que a muchos nos ha pasado con decisiones puntuales en nuestras vidas: Una relación amorosa, admitir nuevas amistades en tu círculo, cambiar de empleo, elegir una carrera universitaria, iniciar un negocio, adquirir casa o apartamento, emigrar a otro país. En fin, decisiones que, como el caso del actor Harrison Ford, podrían definir finalmente nuestro estilo de vida y trayectoria.
Y aunque quizás pienses que no valió la pena entrar, al final solo importará cómo asumes el trayecto, cómo lo vives.
Ford confesó muy emocionado que encontró en la actuación una de las grandes alegrías de su vida porque brinda la oportunidad de levantar a otras personas. Por esa razón, invitó a sus colegas actores a mantener la puerta abierta para chicos perdidos que, como él en sus inicios, buscan un lugar al que pertenecer.
Sin importar los sinsabores iniciales, entrar siempre será menos traumático que salir.
Sobre el amigo que reclamó ese tema musical para su sepelio, pensé en una persona que, en medio de los sinsabores y alegrías de la vida, mantuvo siempre el optimismo, sin perder nunca la fe en un mejor porvenir.
Ahora mismo no tengo una canción o un discurso pensado que resuman mi vida, como el amigo de mi barrio y el actor Harrison Ford. No sé si usted, amable lector, haya meditado en algo así. En mi caso, sigo entrando y dejando entrar, aunque luego me cueste salir o sacar personas de mi vida.
Porque como reza otro verso de la citada canción: “Vivir a veces es reír, también llorar. Vivir es una carta por jugar”.

