Del BanCentral a la historia: riesgo y oportunidad ante las guerras y la geopolítica

Analizar la coyuntura que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán crea para la República Dominicana y las demás economías en la región desde la óptica económica es de importancia, pues permite a los agentes económicos configurar un perímetro de resguardo racional ante los riesgos de contención y desborde de las opciones.

Los agentes proactivos, sin embargo, no sólo temen los riesgos; tienen la fabulosa capacidad de, ante su inexorabilidad, percibir y aprovechar su reverso: las oportunidades.

Ante tal actitud, vararse por temor al riesgo ni basta ni renta cuando muchos se sentirán tentados por lo que puedan obtener en iguales condiciones para otros son amenazas de fuego y ruinas.

Para completar el análisis certero que lleve a la correcta comprensión del momento hace falta agregarle el análisis histórico y, junto a este, observar, más allá del comportamiento de los mercados y los precios de algunos commodities, las acciones político-jurídicas de resguardo que desde sus respectivos ámbitos normativos las naciones occidentales de mayor poderío están estructurando para preservar e incrementar sus capacidades y viabilidad de desempeños económicos, políticos y sociales.

En este ejercicio, procede partir de las observaciones despachadas por el equipo asesor del BanCentral al respecto de esta coyuntura, publicadas en el portal de esa institución. Un escrito breve, cuya conclusión es que, pese a los riesgos a que nos conducen los efectos de esta nueva guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, los fundamentos macroeconómicos nacionales, afincados sobre remesas, Inversión extranjera directa, incremento del precio del oro y el turismo avituallarán la economía nacional con recursos financieros en dólares suficientes durante el 2026, gracias a lo cual se podrán alcanzar las metas macroeconómicas nacionales y sustentar el costo del gobierno.

Eso, naturalmente, si nuevas variables no desbordan la previsión.

Dicho documento presenta el aumento excesivo del precio del petróleo como mayor riesgo. Y lo es. En nuestro artículo anterior citamos, con optimismo superior al prudente, datos de Reuters informando el aumento del precio del petróleo de 1% hasta la mañana del miércoles 04 de marzo, cuando tecleábamos. A las 2:04 pm del sábado cuando escribimos este, “The New York Times” informaba que escaló +14% en la semana transcurrida desde el inicio del conflicto.

Procede, en consecuencia, redoblar las precauciones recomendadas por el BanCentral respecto a su ponderada incidencia en una potencial variación al alza del IPC. El equipo asesor de la gobernación espera, sin embargo, que los costos sistémicos de la variación al alza de la inflación podrá ser compensada por los precitados ingresos: oro, remesas, turismo e IED.

¿Hay oportunidades en la actual coyuntura?

Preservando el valor de tales previsiones y tomándolas como brújula en medio de este mar proceloso al que se añaden los efectos de los “aranceles recíprocos”, la nota precitada resalta que se trata de efectos compartidos por todas las economías. De manera que lo importante en lo inmediato es obtener una ventaja competitiva, solicitando que se mantengan los derechos y beneficios adquiridos por el país efecto de acuerdos bilaterales suscritos con los Estados Unidos, los cuales tienen valor de Ley para ambas economías.

Más allá de esos factores enunciados, la economía nacional podría estar ante un entorno auspicioso que pasamos a desglosar.

No hay que ser Tiresias para haber visto antes lo revelado estos días: los Estados Unidos han actuado precedidos de un diseño estratégico refinado en el cual la agenda se permite el lujo de estructurarse sobre el tiempo que requiera para ejecutarse, priorizando lo económico que ha sido presentado como debate, confrontación, advertencia y declaración de objetivos (demandas) desde el discurso político.

Así, el significado de la irrupción estadounidense en Venezuela y la consecuente captura del señor Nicolás Maduro trascendieron la confrontación de liderazgos, figuras y períodos presidenciales. La acción connotó, entre otras, las siguientes realidades: a) proclamó, mediante exposición, el poderío y capacidad logística del ejército estadounidense, un mensaje de advertencia a sus envalentonados adversarios; b) recuperó el modus operandi militar ante la carencia de disposición política a la negociación y al diálogo en las relaciones internacionales; c) restableció la posición dominante en las relaciones bilaterales; d) declaró la rentabilidad económica como objetivo de la acción militar; e) reveló el objetivo de fortalecer el dólar mediante el avituallamiento y f) restableció de forma inequívoca la función de gobierno del Estado global.

Es claro que tal paquete de significados constituye una advertencia a los adversarios de esa nación. Y que algunos no la escucharon o calibraron en su justo valor. Que incluso desoyeron o minimizaron la seriedad de la advertencia hecha por el presidente Trump: varias veces proclamó que Estados Unidos tenía armas que nadie podría imaginar. Si poseyéndolas no las usó por largo tiempo en la resolución de sus conflictos con otras naciones, no significa que hubieran abandonado el deber de autoprotección o de incrementar su capacidad ofensiva, acumulando y aumentando el poder de acción y fuego que les permitían los avances científicos y tecnológicos que globalmente lideran.

Lo relevante es que esas capacidades ahora se articulan a un fin económico: re fortalecer el petrodólar, lo que podría implicar y exigir el incremento de su sustento material: el petróleo. ¿Esto podría explicar la súper vigilancia sobre el petróleo venezolano reclamada por la victoria?

Está claro, también, que para los Estados Unidos, por ahora, no importa por quién o quienes los pueblos se dejen gobernar. Enfocan sus intereses: lo que esos gobernantes puedan hacer o hagan en la arena internacional. De aquí que otro mensaje implícito sea que sesgar los derechos de los Estados Unidos, en el intercambio comercial y la reciprocidad económica, no será permitido.

En consecuencia: el bloqueo y negación venezolanos al derecho de las empresas estadounidenses de participar legítimamente en el negocio petrolero de ese país debía ser y fue derribado, constituyéndose en un mensaje articulado mediante claros, diversos y significativos elementos: ofertas políticas, declaración de búsqueda de y recompensa por la captura de los líderes fuentes de conflicto, ofertas de negociación económica, invitación a instalar la diplomacia, desplazamiento de portaviones, advertencias sobre las consecuencias de la confrontación, declaratoria de la superioridad militar y tecnológica…

Obviamente, los líderes y gobiernos en conflicto político (por el tema democracia) y económica con los Estados Unidos lo subestimaron, sobreestimando sus capacidades de salir ilesos. Amparados en un convencimiento cuya irracionalidad sólo explica la ciega y fanática creencia y fe en la propaganda de los imperios en conflicto con USA y sus líderes.

Por efecto de su triunfo sobre Venezuela, los Estados Unidos y sus refinerías han adquirido aproximadamente 884 mil barriles diarios de petróleo, entre los que destacan los gestionados por Chevron: 300 mil barriles diarios, según cifras preliminares a esclarecer consultando las estadísticas de la Administración de Información de Energía (EIA) de ese país..

Se confirma así la estrategia global estadounidense: garantizar el suministro interno ante lo que sabían que vendría en lo inmediato y finalmente llegó: el ataque a Irán, sobre cuya industria petrolera USA impondrá igual supervigilancia. A sus reservas de petróleo, estimadas en 69-74 mil millones de barriles, los Estados Unidos agregaron, de hecho, los 203-304 mil millones de Venezuela y, de triunfar en Irán, 208 a 209 mil millones más, para garantizar su acceso a las cinco mayores reservas de petróleo del mundo.

Preguntamos: ¿hasta dónde este commodity financiará el costo de estas acciones militares y las consecuentes correcciones: económica —de la balanza de pagos de USA— y política —de las naciones bajo dictaduras?

Cualquiera que sea la respuesta, parece poco probable esperar que la tendencia al alza en el precio del crudo persista mucho tiempo porque también castigaría a un pueblo estadounidense cuya alta sensibilidad económica es fácilmente transferible a la política. De perdurar, ¿significaría que el presidente Trump está cifrando el destino estadounidense primero que el interés del Partido Republicano, cuyo mandato actual concluirá el 20 de enero del año 2029?

¿Momento de fomentar la sustitución de importaciones?

Así arribamos al componente histórico, agregado necesario a la nota despachada por el equipo asesor del BanCentral, especialmente por ser parte de la experiencia regional. El nivel de desarrollo que a inicios de siglo XX experimentaron Brasil, Argentina, México, la República Dominicana y otras economías latinoamericanas derivó de las dos guerras sucesivas que de 1914 a 1918, primero, y 1939 a 1945, después, sumergieron a Europa en la parálisis.

Los Estados Unidos emergieron como los mayores beneficiarios de ambos conflictos. La demanda de productos alimenticios por una Europa que se desangraba y erosionaba su capacidad de producción agrícola, agroindustrial e industrial permitió a las precitadas economías emerger como nunca antes.

La actual posición dominante de las economías asiáticas en la producción mundial y las cadenas de suministro constituye el mayor obstáculo para que los países de América Latina puedan aprovechar cualquier pérdida de capacidades agrícolas e industriales que puedan sufrir las economías en guerra.

La proximidad de las economías de El Caribe y la región entre ellas y a los Estados Unidos, incluyendo sus vínculos históricos, podrían impulsar preferencias o facilidades para su acceso a los commodities, incluyendo el petróleo. Es posible que las acciones diplomáticas puedan lograr un acceso a éste en igual o similar condición (precios) de los que disfruta el mercado originario. Sobre una posibilidad así hecha realidad podrían construirse las precitadas oportunidades. En términos brutales, atados al interés nacional, se trataría de aprovechar estos enfrentamientos —y en el futuro, otros similares— para incrementar nuestra capacidad exportadora, empezar a reconstruir nuestros parques industriales y equilibrar nuestra balanza de pagos, reduciendo la adquisición de deudas para financiar los déficits por importaciones que, querámoslo o, desangran nuestras economías a favor de las economías exportadoras de Asia.

Tal solución es la que, para su nación, escogieron los Estados Unidos — mediante los “aranceles recíprocos” del presidente Trump, primero, y estas acciones militares— y Europa, ante cuyas medidas de protección de sus mercados e industrias China ha expresado su preocupación.

Según cobertura de Reuters publicada el 06 de marzo, 2026, a las 7:59 am, la Comunidad Europea (CE) articula esta medida desde el plano jurídico: una propuesta de ley denominada “Industrial Accelerator Act (IAA)”, en curso. ¿Su objetivo? Proteger los “Made in EU” y frenar la dependencia europea de China, según reportaje de Philip Blenkinsop y Kate Abnet publicado el 04 de marzo (2:04 am). Las industrias que la Ley protegería de la inversión extranjera serían las de “batería, vehículos eléctricos, energía solar fotovoltaica y materias primas críticas”, entre otras.

De aprobarse, tal normativa permitiría a la EU imponer requisitos de bajas emisiones de carbono y “Made in EU” a la producción e importación de bienes y servicios de “sectores estratégicos”; también conferir los beneficios de los “Made in EU” a otros países, “basándose en la reciprocidad”. Ante tal iniciativa, el ministro de Comercio de China indicó que la iniciativa crearía una barrera proteccionista contraproducente.

Estados Unidos, pues, decidió escudar su industria y economía, Europa también lo está procurando…

Y nosotros, ¿seguiremos financiando con las remesas, los empréstitos y los ingresos por turismo el desarrollo de otras naciones a las cuales República Dominicana importa un bledo?

Fortalecer las opciones de desarrollo interno independiente es, como se ve, propio de los tiempos y lo enseña la historia, incluso aportando sus formas de hacerlo.

Las acciones estadounidenses y europeas están creando un entorno propicio para nuestro desarrollo.

Ojalá sepamos y podamos articularlo y aprovecharlo para el bien colectivo.

Tags relacionados