MIRANDO POR EL RETROVISOR

Clarinadas de desesperanza y fragilidad social

El reciente suceso en que una joven de 22 años mató a su hermana de 13, en el sector Taína del municipio San Francisco de Macorís, tiene diversas aristas que retratan una sociedad moralmente en decadencia.

Es tan solo un reflejo de diversos males sociales que seguimos arrastrando sin medidas valientes a la vista para enfrentarlos, pese a la retórica oficial que habla de mejoras sustanciales e incluso ahora con la manoseada expresión de "récord histórico".

Así nos crean percepciones divorciadas de la realidad, con cifras maquilladas y afectadas casi siempre por un subregistro, aunque el tiempo, cruel revelador, se encarga de mostrar con pasmosa prontitud que, como país, llevamos un derrotero preocupante.

El punto de partida de esa lamentable tragedia está en una unión a temprana edad. Cuántas veces recibimos informaciones sobre los progresos para erradicar las uniones tempranas y los embarazos en adolescentes.

Ese trágico suceso nos muestra otra dolorosa consecuencia de esas relaciones sentimentales, casi siempre toleradas por padres, madres o tutores.

Tenemos la Ley 1-21 que modificó y derogó varias disposiciones del Código Civil y de la Ley 659 del 1944 sobre Actos del Estado Civil para prohibir el matrimonio entre personas menores de 18 años.

Esa norma expresa en su primer considerando “Que el matrimonio infantil y las uniones tempranas son prácticas nocivas que afectan especialmente a las niñas y adolescentes, limitando sus oportunidades de desarrollo y su acceso a la educación, además las expone a la violencia, abuso sexual, embarazo precoz y demás situaciones violatorias de los derechos humanos que gozan y que se encuentran reconocidos en los diferentes instrumentos internacionales en la materia, así como en la Constitución de la República Dominicana”.

Se trata de otra ley con un ínfimo efecto porque las uniones tempranas sin la necesidad de acudir ante un juez civil –las más numerosas- provocan las mismas consecuencias negativas planteadas en el considerando de marras.

Se requiere, primero visibilizar los problemas y desafíos que enfrenta la juventud dominicana, para crearle después oportunidades reales, más allá de discursos y cifras frías.

Se requiere, primero visibilizar los problemas y desafíos que enfrenta la juventud dominicana, para crearle después oportunidades reales, más allá de discursos y cifras frías.EXTERNA

Hasta que no se eduque y forme desde el hogar, con el foco dirigido a uno y otro sexo, no solo a las niñas, de poco servirán las clases de Moral, Cívica y Ética Ciudadana que seguirán impartiendo funcionarios del gobierno en escuelas y liceos públicos. Lamentablemente, las secuelas de los hogares disfuncionales se reciclan.

Otra arista que expone la tragedia en Taína está en la facilidad con que adolescentes y jóvenes acceden actualmente a un arma de fuego. La acusada del crimen, Ankelsy Valerio de Jesús, con apenas 22 años, no solo tenía una disponible, sino que demostró una pericia sorprendente para manipularla a esa edad.

Quizás no hemos llegado todavía al nivel de otros países donde son tan frecuentes los ataques a tiros de jóvenes con evidentes problemas psicoemocionales en diversos escenarios, incluidos centros educativos, pero nunca estará demás ponerles atención a esas clarinadas que comienzan a marcar rumbo.

Precisamente, la semana pasada, el obispo Jesús Castro Marte recordó la necesidad de realizar pruebas psicológicas a miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, por lo delicado de poner un arma de fuego en manos de una persona que no está en condiciones mentales óptimas para portarla.

El foco de su sugerencia debe extenderse también a la población civil, si finalmente, como apuntó el prelado, el objetivo de una evaluación psicológica rigurosa es detectar desórdenes o conductas disociativas que podrían desencadenar en homicidios y suicidios.

La tercera arista probablemente la sabremos cuando se profundice en la investigación del caso. Pero fue expuesta la semana pasada por el obispo Reynaldo Franco Aquino y el pastor Juan Francisco Confesor, presidente y director nacional, respectivamente, de la Pastoral de la Juventud de la Mesa de Diálogo y Representación Cristiana, quienes exhortaron al presidente Luis Abinader y al Ministerio de la Juventud a escuchar la voz de una generación que desea oportunidades reales.

El pastor Confesor apeló al término “fragilidad social”, para exponer que la juventud dominicana enfrenta serios retos como el desempleo, la violencia, crisis emocionales y las adicciones que generan un clima de desesperanza que no pueden ignorar quienes tienen la responsabilidad de gobernar y orientar al país.

Y el obispo Aquino advirtió que la falta de esperanza abre puertas peligrosas que terminan afectando tanto a los jóvenes como a la sociedad en sentido general.

Cada 31 de enero se conmemora en República Dominicana el Día Nacional de la Juventud, instituido en virtud de la Ley 20-93 y en honor a San Juan Bosco (1815-1888), un sacerdote católico italiano, educador y escritor, quien dedicó su vida al mejoramiento y la educación de jóvenes en condición de calle.

En la misma fecha se entrega el Premio Nacional de la Juventud, instaurado también en virtud de esa norma, para reconocer a jóvenes que con su talento, compromiso y liderazgo contribuyen al desarrollo de la nación.

En un mensaje con ocasión del Día Nacional de la Juventud celebrado ayer, el presidente Luis Abinader declaró que el deber de su gobierno es seguir creando oportunidades para que los jóvenes puedan crecer, soñar y aportar a la sociedad.

La actual fecha conmemorativa y esa lamentable tragedia en San Francisco de Macorís nos invitan como país a prestarle mucha atención a las clarinadas de desesperanza entre tantos adolescentes y jóvenes que terminan en un inquietante quiebre social.

Se requiere, primero visibilizar los problemas y desafíos que enfrenta la juventud dominicana, para crearle después oportunidades reales, más allá de discursos y cifras frías, si aspiramos a garantizarle el bienestar, la inclusión y el desarrollo integral, como plantea la ley que creó la efeméride.