UN MOMENTO

Soñar con un país honesto

Los dominicanos seguimos soñando, y exigiendo, un país libre de la corrupción, un país donde este pecado, que clama al cielo, no encuentre refugio ni justificación. 

La corrupción no es una falta menor: roba el pan de los pobres, pisotea la justicia y, sobre todo, hiere profundamente la conciencia de todo el pueblo. 

Frente a este mal no caben excusas ni indiferencias. Se requiere decisión firme para investigar, juzgar y sancionar, sin privilegios ni componendas. Pero, sobre todo, se necesita una conversión moral que alcance a gobernantes y ciudadanos por igual.

Mientras la corrupción persista, el desarrollo será una ilusión. Combatirla es un deber ético impostergable y una condición indispensable para la dignidad de nuestra patria. 

Esa será la única manera de que el sueño de un país digno dejará de ser promesa y comenzará a hacerse realidad. 

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.