SIN PAÑOS TIBIOS
Casi cerrando el año
En cierta forma, todo cierre de un ciclo es, a su vez, el nacimiento de otro. La semilla que muere renace en el árbol; la oruga que se libera del exoesqueleto se convierte en mariposa; la flor en fruto… y así sucesivamente. Al final, los ciclos son sólo eso, etapas que anteceden o suceden a otras, que a su vez lo harán con otras, y así, hasta la eternidad.
Con el paso de los años no podía ser diferente. Contar el tiempo ha sido una obsesión del sapiens; crear y perfeccionar métodos para ello, su gran pasatiempo. ¡Qué mejor manera de perder el tiempo que contándolo! A la naturaleza le es indiferente la manía de esa sabandija planetaria de contarlo todo, como si acaso llevar el paso de los años podría salvarle del paso de los mismos.
Aun así, damos carácter solemne al trascurrir del tiempo. En algunos casos, hasta litúrgico. Y es que, aun asumiendo como necesario para la supervivencia de la especie conocer el ciclo de las estaciones, por aquello de la siembra y la cosecha (sobre todo en las latitudes altas, donde saber cuándo llegaría el invierno era cuestión de vida o muerte), eso no explica esa manía de complicar lo simple que manifiesta en los constructos que intentan explicar el espacio-tiempo.
En todo caso, somos esclavos de nuestras circunstancias, no porque lo dijera Ortega, sino porque es así. Quizás, por eso, tenemos que caer todos los años en la misma práctica de celebrar que acaba un año y esperar esperanzados el comienzo del próximo. Un año se va y otro se viene, y a veces duele constatar que muchas de las cosas que nos planteamos como metas para 2025 continuarán siéndolo en 2026. O por lo menos, esas inquietudes tendrán aquellos que no sólo respiran, sino que también piensan, es decir, que hacen las cosas que verdaderamente nos hacen humanos.
Los gobiernos, organismos internacionales, instituciones, bancos, –etc.– sacarán sus cuentas y pasarán balance. Este es el tiempo de los economistas y los astrólogos (curioso, ¿no?). Unos dirán qué pasó y por qué no pasó lo que dijeron que iba a pasar, y otros dirán lo que va a pasar, según las estrellas… pero, todo es lo mismo.
Resúmenes de fin de año, análisis, evaluaciones de los principales hitos noticiosos, etc. El 2025 fue particularmente duro con nosotros (medidos con nuestra realidad, porque medido con la de otros, deberíamos dar saltitos de alegría). Antes de caer en casos particulares, pensemos en lo general, en aquello que se mide “a grandes rasgos”, porque detalles y situaciones para desesperanzarnos nos sobran, pero no por ello debemos recurrir a ellas, todo lo contrario.
Porque tenemos la obligación moral de creer que estaremos mejores, que saldremos adelante. Que los avatares son cíclicos –rachas– y que todo lo bueno está a la espera, porque lo mejor está por llegar.

