La muerte de Stephora y la relación con Haití

Stephora Anne-Mircie Joseph falleció el 14 de noviembre de 2025 durante una excursión escolar organizada por su colegio, el Da Vinci College de Santiago. Stephora falleció “por asfixia mecánica por ahogamiento, fue una muerte violenta”. (Listin diario, 09/12/2025)

El escritor dominicano Franklin Franco Pichardo, en sus dos libros “Identidad Dominicana y Racismo Antihaitiano” y “Sobre el Racismo y el Antihaitianismo y Otros Ensayos”, ambos publicados en Haití por C3 Editions en 2013, es categórico sobre el antihaitianismo latente y evidente en la sociedad dominicana.

Sin embargo, este tema crucial no debe tomarse a la ligera ni dejarse únicamente en manos de políticos y empresarios.

El papel de los intelectuales

La muerte de Stephora debe ser útil, como lo demostró Jacques Roumain en “Gouverneurs de la Rosée” (Maestros del Rocío) a través de la muerte de Manuel, para facilitar la paz en las comunidades rivales de Fonds Rouge en Haití. Este libro, publicado en 1944, sigue siendo relevante y puede contribuir en gran medida a encontrar vías de reflexión para mejorar las relaciones entre los dos países que comparten la isla Hispaniola.

La fragilidad de las relaciones haitiano-dominicanas fue objeto de una profunda reflexión de la escritora dominicana Elissa L. Lister en su reconocido libro “Le conflit haïtiano-dominicain dans la littérature caribéenne” (El conflicto dominico-haitiano en la literatura caribeña), publicado en junio de 2013 por C3 Éditions. La autora examina textos fundamentales publicados en los últimos 40 años que exponen las desastrosas consecuencias de la negativa a un diálogo franco y abierto entre las dos capitales de la isla. Elissa L. Lister analiza profundamente esas obras:

El masacre se pasa a pie (1973), de Freddy Prestol Castillo; la novela Over (1939), de Ramón Marrero Aristy; el cuento “Luis Pie” (1946), de Juan Bosch; de narradores haitianos como las novelas Mi compadre el general Sol (1955), de Jacques Stephen Alexis y Cosecha de huesos (1998), de Edwidge Danticat; así como los cuentos “Encancaranublado” y “El día de los hechos” (1982), de la narradora puertorriqueña Ana Lydia Vega, y la novela Del rojo de su sombra (1992), de la escritora cubanopuertorriqueña Mayra Montero.

El peso de las cifras

La crisis económica, política y social, junto con la inseguridad que asola Haití, no ha afectado ni limitado la demanda de bienes de la República Dominicana. De hecho, las exportaciones dominicanas a Haití aumentaron un 31,8 % durante los primeros nueve meses de 2025.

Según datos de la Dirección General de Aduanas (DGA) de la República Dominicana, las exportaciones a Haití alcanzaron los 876,9 millones de dólares estadounidenses entre enero y septiembre de 2025, superando en más de 211 millones de dólares estadounidenses los 665,2 millones de dólares estadounidenses exportados durante el mismo período de 2024. El comercio entre ambos países favorece casi en su totalidad a la República Dominicana, con una proporción de 99,4 a 0,6, según datos aduaneros.

“Ese comercio generó una puesta en contacto entre sectores sociales que hasta ese momento no se conocían ni sabían del mutuo potencial que podían desarrollar por la vía comercial” para citar a Rubén Silie Valdez, ex embajador de la República Dominicana en Puerto Príncipe en el libro « Haití y República Dominicana Miradas desde el siglo XXI ».

Es hora de actuar.

La muerte de Stephora Joseph no debe ser una muerte más en la larga sucesión de tragedias haitiano-dominicanas; debe convertirse en una muerte con propósito, en el sentido más noble de la palabra, como la definen algunos de nuestros más grandes escritores de ambos lados de la isla. Una muerte que, como han demostrado Jacques Roumain, René Depestre, Edwidge Danticat y Frankétienne del lado haitiano, y Juan Bosch, Pedro Mir, Manuel del Cabral y Galván del lado dominicano, nunca es un fin en sí misma, sino una chispa, una llamada, un deber de transformación.

Todos estos autores han afirmado, cada uno a su manera, que el sufrimiento humano − cuando se saca a la luz, se comprende y se trasciende − puede convertirse en una palanca de dignidad, un motor de justicia y una base para la reconciliación. Esas obras nos recuerdan que la muerte injusta, cuando resuena en la conciencia colectiva, puede provocar una ruptura, abrir una búsqueda moral y obligar a un pueblo a decir: «Nunca más». El repentino fallecimiento de Stephora Joseph debe verse como parte de esta tradición de despertar. Debe convertirse en un punto de inflexión en las relaciones haitiano-dominicanas, un momento en el que la memoria impulse el diálogo, el dolor exija reflexión, la verdad exija responsabilidad.

Que su muerte sea útil, no porque la explotemos, sino porque nos obliga a confrontar la isla − sus heridas, sus injusticias, sus dinámicas de poder − y a reconstruir, con claridad y humanidad, la vida compartida en la que nuestros escritores siempre han creído.