¿Podemos reducir la evasión…?

La evasión que nos drena

La evasión fiscal es uno de los problemas más graves —y menos discutidos— de nuestro país. Se habla del déficit, de la deuda y del gasto social, pero pocas veces miramos hacia la fuga principal del bote: la evasión del ITBIS y del Impuesto sobre la Renta.

Según un estudio oficial de la DGII, ya en 2017 el incumplimiento en estos impuestos ascendía a RD$ 344 mil millones, el 9.5 % del PIB. Cada punto porcentual de evasión que se reduzca aporta cerca de RD$ 6 mil millones adicionales al fisco.

Si actualizamos esas cifras a la economía actual, la evasión total —incluyendo informalidad, subdeclaración y uso indebido de créditos fiscales— ronda los RD$ 700 mil millones. Entre tú y yo, lo más preocupante no es el monto, sino la estructura que lo permite.

Una propuesta que toca el fondo del problema

En su libro El triunfo de la injusticia, los economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman explican que ningún sistema tributario funciona si quien debe cobrar impuestos depende de quien tiene el poder para frenar auditorías o proteger a determinados grupos. Por eso proponen que el IRS estadounidense tenga una independencia reforzada del poder político.

El principio es simple y contundente: si el recaudador tiene jefe político, la evasión siempre tendrá espacio para respirar.

Lo que ocurre en República Dominicana

Aunque la DGII cuenta con autonomía legal desde la Ley 227-06, en la práctica su dirección, prioridades y decisiones clave siguen fuertemente influenciadas por el poder ejecutivo. Eso genera varias distorsiones difíciles de ignorar:

1. El gran evasor rara vez es tocado. La evasión sofisticada —oculta en ingeniería contable, empresas vinculadas o paraísos fiscales— es la que más duele y menos se ve.

En nuestro país existe otra realidad que todos conocen, aunque pocos se atreven a decirla: los gobiernos, de distintos colores, suelen proteger a empresarios que han financiado campañas o poseen vínculos privilegiados con el poder. Esa red de favores —histórica, transversal y silenciosa— es uno de los factores que explica por qué la evasión fiscal no baja: el recaudador sabe hasta dónde puede llegar y hasta dónde no.

2. Las decisiones son políticas, no técnicas. Gobiernos de todos los colores han frenado auditorías, postergado cobros o negociado deudas con sectores de poder.

3. Sin confianza, nadie quiere pagar. Cuando el ciudadano siente que algunos grandes no cumplen, la cultura tributaria se desploma.

Qué han hecho los países de la región

Aunque casi ningún país tiene una administración tributaria completamente independiente del Ejecutivo, varios han construido modelos más blindados frente a presiones políticas:

- Perú (SUNAT): autonomía funcional, presupuestaria y administrativa.

- Colombia (DIAN): personería jurídica y autonomía presupuestal.

- México (SAT): autonomía de gestión, técnica y presupuestaria.

- Argentina (AFIP): entidad autárquica con autonomía administrativa y financiera.

En América Latina, la evasión ronda el 6-7 % del PIB, según la CEPAL. La nuestra supera ese rango con amplitud. Ya existe un camino probado en la región; solo falta recorrerlo con decisión.

Una dgii con autonomía real

No se trata de subir impuestos, sino de modernizar la institución que los cobra. Una DGII verdaderamente independiente —con mandato fijo, presupuesto blindado y dirección seleccionada por méritos— podría reducir la evasión de manera sostenida y recuperar entre RD$ 250 y RD$ 300 mil millones anuales sin tocar una sola tasa.

Una DGII independiente no persigue; simplemente cumple la ley para todos.

Un país que quiere justicia, debe recaudar sin miedo

Entre tú y yo, la injusticia fiscal es una llaga abierta. Mientras el recaudador responda al gobernante, la evasión seguirá siendo un deporte nacional y la carga caerá sobre los mismos de siempre: las mipymes y los pequeños empresarios, que sí son fiscalizados con rigor, mientras otros navegan bajo un paraguas de indulgencia.

La autonomía tributaria no es un lujo académico; es la base de un Estado justo y moderno.

Y en algún momento tendremos que hacernos una pregunta incómoda:

¿Cómo construir un país distinto, si seguimos cobrando impuestos con las reglas del pasado?

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