UN MOMENTO
Dios sigue actuando
También entre nosotros, los que servimos a Dios en la vida eclesiástica, se viven momentos difíciles, incomprensiones y pruebas que tocan lo más hondo del corazón.
No somos inmunes al dolor ni ajenos a las luchas humanas. A veces nos sorprenden la fragilidad y el cansancio, la soledad o la ingratitud. Pero siempre, al final, cuando todo parece oscuro, descubrimos la mano de Dios que sostiene y consuela.
Él actúa con discreción, pero con poder; no abandona a quienes le sirven, sino que purifica y fortalece su fe.
En cada tropiezo, su gracia se manifiesta, recordándonos, una vez más, que nuestra vida, aun entre sombras, es obra suya y está en sus manos amorosas.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

