FIGURAS DE ESTE MUNDO
Un amigo que salva
En alta mar, en medio de la oscuridad, Jesús se acercó a la embarcación de sus discípulos, caminando sobre el agua, como sobre el mullido césped de un prado. Los discípulos no lo reconocieron y, asustados, gritaron: “¡Es un fantasma!”. La fatiga y el pavor por los flujos tormentosos dejaron tan ofuscados a los doce que creyeron ver una figura imaginaria y no realmente a Jesús. Por eso vociferaban llenos de temor. Pero Jesús los confortó, diciendo: “¡Tened ánimo! Soy yo, no temáis”. En verdad, si Cristo está con nosotros, nada debe asustarnos, ni la misma muerte. Entonces Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Y él le dijo: “Ven”.
Pedro saltó de la barca y, andando sobre las aguas, iba hacia Jesús. Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo. Allí mismo empezó a hundirse, y gritó: “¡Señor, sálvame!”. Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. Lejos de ser un fantasma que asusta, Cristo es un amigo que salva. Cristo es el gran Salvador. Cuando nos hallamos zozobrando, debemos ir a él y clamar pidiendo salvación. Tan pronto ellos subieron a la barca, el viento se calmó.

