FIGURAS DE ESTE MUNDO

Haendel y 'El Mesías'

El 13 de abril de 1737, en Londres, el criado del compositor germano-británico Jorge Federico Haendel descubrió a su amo que yacía inmóvil en el suelo con los ojos abiertos, como muerto.

En seguida fue a buscar al médico y éste diagnosticó apoplejía.

“Quizá podamos conservar al hombre -dijo el doctor-. Al músico lo hemos perdido. El ataque ha afectado el cerebro”.

Durante cuatro meses, Haendel vivió sin fuerzas, como si la vida le hubiese abandonado.

El lado derecho permanecía muerto. No podía andar, ni escribir, ni pulsar con su mano derecha una sola tecla. Pero su tenaz deseo de recobrar la salud, de vivir, de crear, obró el milagro en contra de las leyes de la naturaleza.

Con ayuda de las aguas termales del balneario de Aquisgrán, se desprendió de la paralizante garra de la muerte y abrazó otra vez la vida.

De nuevo pudo componer música, crear. Había hallado de nuevo su propio lenguaje, con el que se dirigía a Dios, a la eternidad y a los hombres.

El 21 de agosto de 1741, Haendel recibió el encargo de poner música a un poema inspirado en Jesucristo. Se trataba de “El Mesías”, el oratorio del famoso ‘Aleluya’, que lo elevó hacia el éter de la inmortalidad. Durante tres semanas estuvo componiendo esta pieza sin interrupción.

En ese período, vivió entregado por completo al raudal de notas y ritmos que de él fluían cada vez con más pasión, más ímpetu hasta que terminó la obra. Entonces sintió que había cumplido bien su misión, que podía comparecer ante Dios con la serenidad del deber cumplido.

“El día que clamé, me respondiste -podía decir con el salmista-; me fortaleciste con vigor en mi alma. Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre. Jehová cumplirá su propósito en mí”.

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