Conversación: “¿Con qué derecho y con qué justicia” una bienal puede premiar, como Escultura, una palmita?

El entorno cultural nacional asiste a una excitante crispación.

¿La causa?

Que la 31° Bienal de artes visuales del Museo de Arte Moderno haya premiado, en la categoría Escultura, una palma presentada raquítica y en su maceta.

Artistas individuales y colectivos han protestado. Un público interesado, también. Unos han pedido anular el premio. Otros, ingresan al conflicto para hacer lo suyo: oposición política disfrazada de interés cultural.

Sin embargo, si algo predomina en los cultosistemas de las artes actuales es el sentido de confrontación. La lucha estética a muerte los sigue caracterizando.

El hecho no es nuevo, pues ocurre desde 1844. Entonces, los artistas, en Francia, empezaron a tomar sus oficios en sus manos y se confirieron el derecho de decidir sobre sus distintas disciplinas y expresarse afines a su sensibilidad, ideas y talentos. Lo plantearon en innúmeros “manifiestos”.

Entonces, se enfrentaron renovadores versus académicos. El reclamo vanguardista fue parte de una lucha social más amplia: la política, la transformación de la sociedad. Las izquierdas francesas propusieron un arte para los artistas y sus cenáculos cuando los mecenazgos de las aristocracias se habían debilitado significativamente, dejándolos huérfanos y cada vez más “enajenados de los medios de producción” capitalistas, sin poder económico o político.

La decisión de los artistas de expresarse desde su íntima convicción y preferencia fue consecuencia del avance del derecho de libre expresión del pensamiento en las emergentes repúblicas europeas.

En el pasado, la crispación enfrentó a artistas y las Academias de arte.

Hoy, los academicismos imperantes han mutado de espacios, formas y funciones.

Antes, dictaban las normas reguladoras de la actividad artística, procurando una identidad disciplinar estandarizada, como valor, de pretendida universalidad, sistémica; cuyo objeto era identificar y celebrar, como ideal de belleza y eticidad, al Poder: monárquico, religioso y cortesano, estructuras que desde 1789 empezaron a ser desarticuladas.

Hoy, en cambio, asistimos al enfrentamiento de artistas contra las nuevas formas de existencia que las academias han adquirido: la anti-academia o, su paráfrasis inicua: la a-academia. Contradicción y nihilismo. Las resguardan museos y la nueva modalidad de acreditación estética: las curadurías. Para ambos, lo estéticamente válido carece de forma previsible o regulable; hiperbolizan las indiscriminadas formas de la novedad, inventiva, provocación y crítica.

Los museos —sabemos— acopian, resguardan, preservan y estudian cuanto consideren valioso o de interés; expresión de cualquier forma de existencia o praxis cultural, científica, técnica hiperbólica, excelsa o exótica. Su interés abarca lo cósmico y lo microcósmico. Desde moléculas e insectos a objetos procedentes del exterior de nuestra atmósfera. Todo lo que, gracias al interés de una fascinación excitada y lo espectacular, escandalice, sea “Coleccionable” y singular.

Incluyendo el arte. Lo atesoran y adquieren a exorbitantes precios, siendo, quizás, la fuente más importante de cotización de obras y artistas.

¿Cuánto de lícito y metódicamente propio tienen los paradigmas sobre Arte a que recurren para adquirir o galardonar obras, incluyendo una “mata” de palma?

Convocados por la Fundación Acción por el Futuro, cuatro conocedores dialogarán sobre eso en Apec Cultural, el miércoles 1° de septiembre, 2025, a las 7:00 pm.

La actividad es abierta al público.

Ven, conoce, asiste.