Pensando

Caminar con dignidad

No hay mayor satisfacción que transitar el camino hacia un lugar libre de adulonerías y oportunismos, donde la inversión del sacrificio para crecer sea la percepción de saber recibir las oportunidades con el talento, la consistencia y capacidad de desarrollarnos, sin atropellar y obstaculizar a los que sueñan con nuestros sueños. Progresar sin negociar el honor y la dignidad es derrotar a aquellos que aspiran ser un obstáculo en nuestras aspiraciones, ya que terminan siendo víctimas de sus propias miserias. No es honorable pisotear la incapacidad, no es virtuoso insultar lo inferior, es preferible instruir al ciudadano y educar al humilde para conquistar las metas. El que carece de instrucción para ascender frustra la victoria con su derrota. Las posiciones y conquistas deben servirnos para multiplicar nuestro respeto, valorando y aprendiendo de las diferencias conceptuales y apreciando a las personas por su honestidad y educación. Las limitaciones en los principios terminan descalificando la mediocridad de sus acciones. La vida tiene su tiempo para poner las cosas en su justo lugar. La mejor decisión es transitar en el carril del compromiso social, derrotando el espacio del transfuguismo. En las últimas tres décadas, el accionar político del país se ha desviado por un camino adverso a los mejores intereses que emanan del patrimonio nacional, como garantía futura de avanzar hacia una mejor calidad de vida. Hoy la ruta es angosta por el incumplimiento de las promesas y los hechos dolosos que nos han afectado como nación. Caminemos pues hacia una transformación alimentada por nuestra conciencia en el cumplimiento y ejecución del imperio de la ley.

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