SIN PAÑOS TIBIOS

Esta violación grupal merece una sanción ejemplar

Todos los constructos sociales (y el derecho no es más que uno de ellos) procuran organizar la vida en sociedad y contener el impulso animal del “cerebro reptiliano”, a cambio de armonía colectiva.

La vida en sociedad exige la contención y sanción de patrones disruptivos, y, si algo demostró Núremberg, es que, eliminadas las ataduras legales o morales, el ser humano es capaz de cualquier vileza.

El precio de vivir en sociedad es someterse a las reglas de la sociedad. El “imperativo procreador” de Dawkins sirve para entender, no para aceptar los patrones de comportamiento sexual de los individuos; pero, puestos en sociedad, la moral y las normas jurídicas regulan sus actuaciones.

El reciente caso de violación de una joven en Villa González –por parte de un grupo de seis mamíferos–, más allá del terrible dolor que representa a una mujer vejada, abusada y violada, constituye una manifestación del profundo nivel de descomposición moral de la sociedad; pero también, una prueba de fuego de cómo reaccionará la misma. Un llamado de alerta de que los marcos jurídicos, políticas públicas y presupuestos destinados a financiarlas, resultan insuficientes.

Del hecho criminal –cometido en marzo– se llegó a saber, no sólo porque los homínidos lo grabaron mientras ocurría, sino porque (¿deberíamos dar gracias por ello?) otro homínido lo compartió (meses después) en redes sociales.

Lo de cómo funciona la mente de un grupo de mamíferos que deciden drogar a una mujer, violar, explotar y abusar sexualmente de ella, es algo que no tiene explicación racional, porque es un comportamiento que se encuadra en el mundo animal. Lo de compartir el video por parte de una de las partes actuantes (por pasiva o por activa) puede entenderse, porque la naturaleza enferma de un cerebro que comete el hecho (o lo graba), es incapaz de distinguir moralmente entre la acción y la socialización.

Sin embargo, lo que preocupa es la reacción de la sociedad al momento de compartir el video en redes sociales, sin ningún tipo de empatía, compasión o conmiseración hacia la víctima. Lo de intentar justificar el evento sobre la base del “consentimiento” o habérselo buscado en función de patrones de comportamientos, es aberrante, cruel y desalmado.

Toda la empatía, apoyo, solidaridad y colaboración merece la víctima; no sólo de la sociedad, sino también del Estado y sus instituciones. No es momento de revictimizar a la víctima, sino de actuar.

Todo el respaldo merece el Ministerio Público en procurar que se haga justicia, así sea en una sociedad que tiene un Código Penal; unos derechos humanos consagrados constitucionalmente; y una Biblia en su escudo que pregona el arrepentimiento y el perdón de los pecados, etc. El tipo de cosas que impiden hacer lo que verdaderamente hay que hacer en casos como este…

Tags relacionados