FIGURAS DE ESTE MUNDO
Amor y arte
Si solamente hubiera gustado la dicha de ser amado, si solamente los ojos de una mujer lo hubieran besado con la mirada, tal vez Vincent van Gogh -el genial pintor holandés, del siglo XIX- habría vivido más tiempo, aunque, quizás, nunca hubiera tomado un pincel. La imposibilidad de hallar una compañía femenina duradera a lo largo de su vida influyó en su derrumbamiento y suicidio.
En 1888, tras una acalorada discusión con Gauguin, Van Gogh -celoso del éxito de aquel pintor francés con las prostitutas de Arles- se cortó parte de la oreja izquierda. Introdujo la oreja en un sobre y se la envió a una prostituta que prefería a Gauguin. Cuando abrió el sobre que contenía la ensangrentada oreja, la dama se desmayó.
Van Goh no fue afortunado en ninguno de los elementos esenciales de la felicidad, a saber, algo que hacer, alguien a quien amar y algo que esperar. En lo que hizo, como pintor, su genio no fue reconocido por sus contemporáneos; en el amor jamás fue correspondido, y su esperanza fue hundirse voluntariamente en las tinieblas de la muerte; una esperanza distinta de la que externó el rey David: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”.

