Desde mi pluma
No todo debe verse
Hace unos días, la comunidad de El Factor, en la provincia María Trinidad Sánchez, fue sacudida por una noticia dolorosa: un padre acabó con la vida de su pequeño hijo de apenas dos años y luego se quitó la suya. Lo más lamentable es que este acto quedó grabado en un video que terminó circulando en diversos grupos de redes sociales.
Me impresionó ver cómo, en lugar de enfocar la conversación en la tragedia y sus causas, muchos comentarios de la gente giraban en torno al video, como si el valor estuviera en la imagen y no en el hecho atroz y deplorable que representa.
Gracias a Dios, el algoritmo no me expuso ese material, pero creo necesario recordar que compartir contenido así no solo es insensible, también es ilegal. Nuestras leyes cuidan con especial atención la protección de la dignidad e intimidad de las personas, y mucho más cuando se trata de menores de edad.
Difundir videos o fotos que muestren su sufrimiento es un acto que lastima a las familias y revictimiza a quienes ya han vivido este horror. Hemos hablado de esto demasiadas veces ya.
Recibir algo de forma accidental no nos hace culpables, pero reenviarlo sí. Antes de dar “compartir” piense: si fuera mi hijo, mi hermano o mi amigo, ¿querría que el mundo entero viera ese momento? Seguramente no.
En estos casos, la empatía debe ser nuestra bandera y no porque hayan leyes de por medio, sino porque hay que entender que detrás de un titular y una noticia, hay personas reales atravesando un dolor inmenso. Por eso, optemos por el silencio, por apagar el morbo y por respetar el duelo de todos.

