UN MOMENTO
La soledad del poder
Cuando se está en la cúspide, rodeado de aplausos y atenciones, parece que todos te quieren. Las puertas se abren solas y las sonrisas abundan. Pero esa es la ilusión del poder: una compañía prestada, que se desvanece cuando ya no se tiene influencia ni se reparte nada. Al dejar el cargo, la agenda se vacía, el teléfono suena poco y el entorno se reduce a unos pocos leales, si acaso. Es entonces cuando uno descubre quién está por afecto y quién lo estuvo por interés. El poder, mientras dura, deslumbra; pero al irse, deja al descubierto una de sus verdades más duras: su inevitable soledad. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

