Emergencia nacional
En República Dominicana se vive una tragedia silenciosa: los feminicidios y la violencia intrafamiliar. Algo que por años se ha denunciado como un mal estructural pero que ya hoy se convierte en una verdadera emergencia nacional.
La situación resulta insostenible porque las estadísticas no son solo números sino hijos huérfanos, familias destruidas y una sociedad -lamentablemente- cada vez más endurecida frente al dolor. Pero lo más alarmante (por lo recurrente) es que en algunos casos los victimarios han sido policías y militares, personas que están llamados a tener una mentalidad para proteger y no para asesinar.
El fenómeno va más allá de un simple asunto privado. Es un problema serio que interpela al Ministerio Público, al sistema judicial, a la Policía Nacional a los ministerios de la Mujer, y el de Interior y Policía, así como a la sociedad en su conjunto que deben dar una respuesta integral, inmediata y sostenida.
Resulta inaceptable que no existan filtros más rigurosos para detectar perfiles violentos dentro de las fuerzas del orden donde el entrenamiento tiene que ir más allá de lo físico o de lo táctico e incluir formación ética, emocional y de equidad de género. Pero, además, los mecanismos de denuncia deben fortalecerse con garantías -reales- de protección para las víctimas y sus hijos.
Urge una reforma profunda del sistema educativo y mediático que aborde el machismo como un mal cultural a erradicar desde la raíz. Las campañas de sensibilización deben ser permanentes, no reactivas y los recursos económicos destinados a prevenir la violencia de género deben aumentar considerablemente.
Cada feminicidio es un fracaso del Estado y cada niño huérfano es una deuda que crece con la indiferencia. Entonces, no hay excusas, el momento es para actuar con firmeza.

