Endeudamiento fácil
Algunas personas tienen pocas deudas porque no consiguen quien les preste. Si su crédito mejora, aprovechan la oportunidad para tomar algunos préstamos.
Algo similar sucede, respetando las obvias diferencias, con numerosos gobiernos. No se endeudan aún más rápidamente porque hacerlo les resulta imposible o demasiado costoso. Pero cuando la ocasión es propicia, no vacilan en incrementar sus deudas.
Un ejemplo notorio al respecto fue el comportamiento de varios países después de su ingreso a la eurozona. Aunque sus gobiernos continuaban siendo responsables por el pago de las obligaciones contraídas, el reemplazo de sus más débiles monedas nacionales por el más fuerte euro, éste último apuntalado por naciones más solventes como Alemania y Holanda, les permitió endeudarse a tasas de interés más bajas. Ante esa favorable circunstancia, derivada en parte de la creencia de los inversionistas de que la admisión a la eurozona implicaba disciplina fiscal, no dudaron en hacer uso de esa apertura, elevando sus colocaciones de valores en los mercados financieros. El desenlace es bien conocido, dramatizado por crisis en las que Grecia desempeñó un papel estelar.
Pero no es sólo el nivel de la deuda el que es afectado por la mayor facilidad de endeudarse. También lo es la composición de los gastos públicos que son financiados con el dinero de los préstamos recibidos. Si fuera para dedicar los fondos para llevar a cabo inversiones reproductivas, el asunto sería menos grave. No obstante, dos economistas, Stephen Turnovsky, profesor en la Universidad de Washington, e Iñaki Erauskin de la Universidad de Deusto en España, señalaron un efecto que a primera vista luce ser paradójico. Determinaron como resultado de sus indagaciones que la reducción en el costo global del endeudamiento externo, aumenta la probabilidad de que la participación en el PIB de los recursos invertidos por los gobiernos en actividades productivas tienda a disminuir. Al subir la inversión doméstica privada por los menores rendimientos obtenibles en el extranjero, los gobiernos sienten menos presión por compensar las limitaciones o deficiencias de dicha inversión, pudiendo entonces orientar sus desembolsos hacia erogaciones corrientes acompañadas de un mayor retorno político de corto plazo.

