Sargazo: del problema a la oportunidad
Todavía existe mucha incertidumbre sobre cuáles son los pasos a seguir. Las especies de macroalga sargassum fluitans y sargassum natans han estado acumulándose en nuestras playas y aguas territoriales desde la pasada década; y lejos de desaparecer, se ha intensificado la llegada masiva a nuestras costas. El alga ha obtenido notoriedad debido a la gran cantidad que se acumula en las playas de las islas del Caribe causando problemas en los servicios ecosistémicos que proveen las mismas, además de empobrecer la belleza del paisaje natural.
El pasado 2 de abril se realizó el primer evento Expo Sostenible donde se sostuvieron múltiples paneles sobre temas áreas de interés nacional como son los objetivos de desarrollo sostenible, economía circular, cambio climático, el agua y los residuos sólidos. Dentro de esta plataforma tuve la oportunidad de participar como investigador, representante de la academia, y como parte activa de la Red Interuniversitaria de Investigación sobre el Sargazo, una plataforma nacional que agrupa a diez universidades enfocadas en buscar oportunidades y soluciones al a posibles problemáticas relacionadas al sargazo. Pero más allá del impacto, el sargazo representa también una oportunidad científica, tecnológica y económica, y desde la academia, hemos asumido el compromiso de investigarlo y aprovecharlo de forma sostenible.
En el marco de la Red Interuniversitaria, se desarrollan actualmente más de 15 proyectos de investigación en torno al sargazo. Estos abarcan áreas como la predicción y monitoreo del fenómeno, su manejo integral, y las posibles aplicaciones del alga en industrias emergentes. Nuestras líneas de trabajo incluyen sistemas de predicción y monitoreo oceanográfico, estrategias de economía circular para su manejo y, lo más prometedor, su conversión en productos útiles como bioplásticos, bioestimulantes agrícolas, carbón activado y compuestos bioactivos con potencial farmacéutico.
Aunque los titulares suelen enfocarse en su impacto turístico, el sargazo afecta mucho más que nuestras playas. Su presencia interfiere con la pesca artesanal y comercial, obstaculiza el funcionamiento de plantas eléctricas costeras como Itabo y Punta Catalina, y limita operaciones estratégicas relacionadas con la seguridad marítima y la defensa nacional. Incluso puede tener implicaciones para la política exterior y la diplomacia regional, dada la magnitud del fenómeno y su naturaleza transnacional.
A esto se suman los riesgos químicos y biológicos asociados al manejo del sargazo. Su descomposición libera gases nocivos como el ácido sulfhídrico, debido a los seres vivos que acompañan y viven del alga, y puede contener metales pesados o microorganismos peligrosos. Por eso, todo proceso de valorización debe partir de evaluaciones técnicas rigurosas para garantizar la seguridad ambiental y sanitaria.
Afortunadamente, no estamos solos en la búsqueda de soluciones. En la región han surgido tecnologías emergentes para la recolección y aprovechamiento del sargazo, como las desarrolladas por organizaciones como SOS Carbon y Algaenova. Estas propuestas se suman a las nuestras, con la esperanza de construir una respuesta coordinada, eficaz y con base científica.
Ante un problema ambiental de esta magnitud, la ciencia y la investigación son una necesidad urgente. Las políticas públicas efectivas deben construirse sobre la base de evidencia confiable. Esto implica desde regular las fuentes terrestres de nutrientes que alimentan las floraciones, hasta diseñar protocolos de limpieza y establecer incentivos para innovaciones tecnológicas. Solo así lograremos pasar del manejo reactivo a una estrategia de solución duradera.
El autor es Director de Investigación de INTEC
Carlos.sanlley@intec.edu.do

