Puño de hierro en guante de seda
Esta frase que se le atribuye a Napoleón Bonaparte, puede ser una práctica que contribuya a la objetividad en las comunicaciones y a la vez, a sustituir el morbo y la espectacularidad en las publicaciones en los medios digitales y tradicionales por objetividad, criterios y conciencia.
Por décadas se han utilizado titulares llamativos, muchas veces exagerados, con la intención de llamar la atención y aumentar la circulación de un medio escrito, incluso hasta medias verdades, pues lo importante más que educar, elevar la conciencia nacional, ha sido tener la primicia, llamar la atención y luego que el lector descubra en la lectura que la fiebre no está en la sábana.
Con las redes sociales, el internet, la capacidad casi universal de que cualquier persona puede llamar la atención, convertirse en viral, con alguna ocurrencia, capricho, mentira, verdad, desfachatez, insensatez, o locura, la información se ha salido de control.
De hecho, se ha querido denominar meme a cualquier ocurrencia chistosa, burlona, sarcástica, a todo lo que la gente publica de manera graciosa, capciosa, metafórica, pero siempre alusiva a personas, dañando en casi todos los casos su imagen.
Roger Fisher, académico de la universidad de Harvard, experto en negociación y manejo de conflictos, replantea esa frase de Napoleón indicando: “duro con el problema, suave con las personas”.
Estamos tan enfocados en los titulares y en llamar la atención, que nos olvidamos de la parte más importante cuando abordamos los temas de interés nacional, y es el llegar a un análisis y ofrecer de manera responsable soluciones alternas al mismo. Digo, si es que de verdad nos importa la solución de los mismos y si la mezquindad con la que adorna ser un cuadro político lo permite. Es que lamentablemente todo se politiza y muchas veces aunque el sombrero le sirva o le convenga a una parcela, la intención es otra.
Recuerdo una frase que una vez leí en el escritorio de un empresario: “los problemas lo conocemos todos, tráiganme soluciones”.
Y es una invitación que me parece que podría tenerse pendiente, al momento de partir con alegría a despotricar como decimos en francachelas, y entonces llevar al público, la audiencia, comentarios y palabras que rayan en el insulto, en la difamación y la injuria.
Hace varios meses, se había denunciado que existía un plan para desacreditar la figura de un funcionario público.
Más recientemente, las redes se han inundado de comentarios, burlas, señalamientos que rayan en atrevimientos y que cruzan el límite de lo que puede ser información relevante para valorar un desempeño institucional.
Y cuando vemos los contenidos y en lo que se insiste, y también notamos que otros medios se suman a este irrespeto a la persona, tal vez desafiando o provocando situaciones que luego se quieran capitalizar políticamente, sencillamente pensamos, esto no debe continuar.
El respeto al derecho ajeno es la paz, pero parece, que no nos estamos guiando por criterios correctos y pretendemos destruir a las personas que consideramos nos pueden hacer daño, por razones puramente personales, para anularle, y pretender con esto y acciones que podrían considerarse como violaciones a la ley, que no podríamos ser castigados o sometidos a la justicia.
Cuando nos guiamos por criterios, valores y principios correctos, esa fuerza innegable que no negocia la verdad, fluye de cualquier manera, y la luz de esa verdad ilumina la conciencia nacional.
También se han ido estableciendo convenciones en las mismas redes sociales, que hace rato tienen tiempo tachando y eliminando comentarios, cuando estos aunque creen decir la verdad, etiquetan instituciones que todo mundo tiene claro, podrían están minadas de corruptos o delincuentes.
Es hasta sorprendente ver como se difunden actos que parecen dignos de prostitutas en acción, y que se venden como lo normal, movimientos eróticos, vestidos casi desnudos, dichos que se establecen ya sin la insinuación del doble sentido, sino directamente. Y hasta actos francamente “indecentes”, que no reciben tachas ni son eliminados por las plataformas, pues la indecencia no viola las normas de la comunidad.
Pero para los creadores de contenido, que intentan tocar temas serios o establecer críticas al desempeño del estado, ciertamente se les presenta un dilema, sobre todo cuando ya la situación ha cansado a todo el mundo, y el único camino emocional que queda, es la expresión llana y fuerte, de un mega San Antonio, amueblado con epítetos personales inconfesables.
Cuando se trata sin embargo de abusos que implican dañar aún más la calidad de vida de la gente, entonces los calificativos de ladrones, malditos, abusadores, delincuentes, azarosos, hijos de puta, y otros mas, salen del comunicador de una forma espontanea, y llega un momento, en que la gente dice, que nos lleve el diablo a todos.
Buscar el tono decente, para en lugar de decir ladrones, decir por ejemplo, hijos de alibaba, forajidos, cuatreros, mentirosos, asaltantes, manipuladores, y seguir con la lista de Guido hasta el infinito, requiere mucha destreza y poder.
Porque como se nota, llueven las demandas en estos días por difamación e injuria y al parecer, no cesarán, porque se nos ha pasado la mano brutalmente, no con insinuaciones, sino con señalamientos directos que por lo visto habrá que demostrar.
Duro con el problema, suave con las personas. Mano de hierro en guante de seda. Un ejercicio que vale la pena tomar en cuenta para re entrenarnos y referirnos a los procesos, sistemas, cultura, malas prácticas, las decisiones, las medidas y sus efectos en la comunidad, o la misma inacción frente a problemas que están a la vista de todos.
Para ello, tal vez lo más sano o lo menos arriesgado, es compartir nuestras recomendaciones, si es que tanto nos importa el país.

