Pensando

Actuar con conciencia

Vivir en un sistema de derecho es todo lo que signifique respeto a los demás, sin dar riendas sueltas a la codicia inherente a las grandes injusticias que generan una mala distribución de los derechos ciudadanos, con una justa remuneración social que todos debemos recibir equitativamente de nuestros gobernantes, evitando ejercer una posición discriminatoria. 

Entendamos que, si nos roban un buen traje, no tenemos por qué despojarnos de nuestra ropa interior, que es la que precisamente cubre nuestro pudor. 

Observando detenidamente al hombre que posee honores y títulos que provocan indignación, tratemos de averiguar cómo llegó a poseerlos y nuestra equivocación se convertirá en piedad. 

Hay fortunas que tienen un precio muy alto cuando se entrega el principio de honestidad; por esa razón, la sabiduría te hace rechazarlas. No creamos en la adulonería porque nos hace esclavos de la petulancia. 

El principio de libertad, aplicado a la soberanía es innegociable cuando asumimos que alguien sería capaz de quitárnosla; el principio del honor es tan sublime que defenderlo es una virtud que nos acerca a nuestra identidad y cuando nos regocijamos en el bienestar de los demás, aumenta nuestro sentido de unidad. Diferenciemos siempre la riqueza material de la espiritual porque en su contenido encontraremos el alimento del espíritu. 

La paz interior parece imposible en estos tiempos y algunas personas están atrapadas en la búsqueda “de paz”, olvidando que Cristo nos señaló el camino para encontrarla. 

Haciendo conciencia sobre el accionar de los funcionarios públicos y de nosotros mismos, encontraremos las respuestas que, en el ejercicio del deber, nos harán ser mejores ciudadanos para la sociedad.

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