Otra carga más de sangre y luto

No es normal. No puede ser normal que, pese a los operativos, las multas y los llamados de atención, sigamos llorando muertes evitables en las carreteras.

23 vidas arrebatadas en solo días, la mayoría en motores, son 23 familias destrozadas por una epidemia que no necesita vacuna, sino conciencia y acción.

¿De qué sirve retener 4,430 motocicletas o poner 3,875 infracciones si al final el saldo sigue siendo sangre y luto?

Las calles se han vuelto una ruleta rusa donde la irresponsabilidad, el exceso de velocidad y la imprudencia disparan balas invisibles.

Mientras tanto la gente —como decía el diácono Juan María Durán , de la parroquia Corpus Christi, en el Sermón de las 7 Palabras, se siente “abandonada” preguntándose dónde está la protección.

Duran hizo un llamado a la sociedad ante los accidentes de tránsito que cada año cobran la vida de miles de personas.

El país aún no seca las lágrimas por la tragedia del “Jet Set”, y ya nuevos nombres se suman a la lista de víctimas.

¿Cuántos más faltan?

¿Cuántos "operativos de conciencia" harán falta para que entiendan que esto no es un juego?

Es hora de cambiar.

De que autoridades actúen con mano firme y los ciudadanos respeten las normas.

No es solo un llamado, es un grito: ¡Que la Semana Santa no sea sinónimo de muerte!” “Porque cada vida perdida es un “Dios mío, ¿por qué?"que clama desde el pavimento.